En un matrimonio, en una pareja de larga duración, la infidelidad supone una catástrofe. La vida se detiene en un instante y el futuro que habías soñado vivir se borra en ese mismo segundo. El desconcierto es total. Así llegan muchas de mis clientas. Rotas y desorientadas. Pero queriendo perdonar una infidelidad. Algo que jamás pensaron que les ocurriría a ellas, a ellos, como pareja, porque se querían y llevan toda la vida juntos.
Sé que estás pasando por un momento difícil. Un terremoto está sacudiendo ahora mismo los cimientos de tu vida, y el dolor parece imposible de aguantar. Te sientes perdida, herida, esto no puede estar ocurriendo… No te lo mereces. Conozco perfectamente esa sensación. Desde el 2010 he acompañado a más de 3.000 mujeres durante la infidelidad de sus parejas. Aunque sintiéndose traicionadas, su decisión era la de perdonar una infidelidad que no entendían por qué había ocurrido.
A lo largo de los últimos 14 años, he visto a mujeres rotas recomponerse. Las he acompañado y hemos llorado juntas. Como coach sé que pueden superar esto. Pero eso no evita que sienta mío el dolor de mis clientas. Mujeres rotas a quienes acompaño en el camino hacia la sanación y la paz interior. Permíteme compartir contigo la perspectiva que ha ayudado a mujeres de más de 35 países a ver este proceso de una manera diferente.
Perdonar una infidelidad
Imagina por un momento que estás atrapada en un atasco de tráfico en una carretera. Llevas un par de horas ahí, sintiendo frustración, impaciencia, enojo. El hecho es que estás en ese atasco y no puedes cambiarlo. No está en tu mano cambiar los hechos. Pero lo que sí puede cambiar es cómo decides vivir ese momento. Con este ejemplo, me gustaría guiarte para que puedas entender los niveles de consciencia que atravesamos cuando enfrentamos situaciones difíciles, como una infidelidad.
El perdón, al igual que nuestra reacción ante ese atasco, tiene tres niveles. Con cada uno, vas ganando mayor consciencia y liberación. No estás obligada a sentirte en paz de inmediato. El dolor está ahí y no es bueno que te obligues a que se esfume en un instante. Simplemente acepta que esto es lo más doloroso que te tocará vivir. Y que entender los niveles de consciencia que experimentas al perdonar una infidelidad, te ayudará a ir soltando poco a poco el peso que llevas encima.
Permíteme compartir contigo una frase del filósofo Epíteto
El hombre ignorante culpa a los demás por sus fracasos.
El que ha comenzado a instruirse se culpa a sí mismo.
El hombre sabio no culpa a nadie
Esta reflexión tiene mucho que ver con lo que sentimos al vivir una traición. ¿En qué punto te encuentras en este momento? ¿Culpando a tu pareja? ¿Culpándote a ti misma de esto que estás viviendo? ¿Negándote a perdonar?
El primer nivel: cuando no puedes perdonar
En este primer nivel, es completamente normal sentir que no puedes perdonar una infidelidad de tu pareja. El dolor es tan intenso que parece que no hay otra opción más que culparle por lo que está haciendo o hizo. Te sientes herida, traicionada, y todo tu ser grita que lo que te hicieron no tiene perdón.
Es como estar en ese atasco, sintiéndote enfadada, pensando que es injusto, que estás perdiendo tiempo valioso. Quizás culpes a los conductores delante de ti, al sistema de tráfico o incluso a tus hijos por demorarte en salir de casa. En la infidelidad, al principio, culpas a la otra persona, viéndola como la única responsable de tu sufrimiento.
Una crisis es una oportunidad. Antes de experimentar esto mismo, yo también pensaba como tú. Y hoy, quince años más tarde, aunque te resulte difícil de entender, doy las gracias por haber vivido aquella dolorosa experiencia.
Epíteto también decía:
«No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede».
Cuando lo que nos decimos sobre la infidelidad ve al otro como tu verdugo y a ti como la víctima, no podemos esperar otra cosa que sufrir en medio de esa injusticia. En este nivel, la narrativa que te cuentas a ti misma puede prolongar ese dolor. Tanto tiempo como mantengas este pensamiento. Recuerdo a una de mis clientas, de 60 años, que llevaba 20 atrapada en ese dolor, no pudiendo olvidar que su ex esposo era el culpable de aquello, de su dolor. Lo que repetía en su mente no la dejaba superar la infidelidad.
En ningún momento digo que no se debería sentir o pensar así. Es completamente válido sentirte así. Este es un lugar difícil, y es normal estar aquí al principio. Sin embargo, también es importante que no te quedes atrapada en este espacio para siempre, porque aquí el dolor se perpetúa.
El segundo nivel: piensas en perdonar una infidelidad
Con el tiempo, puede que comiences a cambiar lo que te dices a ti misma. Aquí es donde empiezas a moverte hacia el segundo nivel, donde el hecho de perdonar una infidelidad va siendo una opción que valoras. Ya no se trata de culpar completamente a la otra persona, sino de hacer una reflexión más profunda.
Es como si en el atasco decidieras poner música relajante, escuchar un podcast interesante o simplemente tomarte un tiempo para reflexionar. Te das cuenta de que, aunque no puedes controlar el tráfico (o en este caso, lo que ya sucedió), puedes controlar tu respuesta a la situación.
Tal vez empieces a pensar en tu propio papel en la relación o en las señales que no viste. Eso, sumado a que el hombre en una relación de larga duración, al ser infiel, (en un 90% de los casos que atiendo, con alguien del trabajo) culpa a la esposa, haciéndole responsable de la supuesta ruptura de la pareja. Eso hace que puedas culparte a ti misma por lo que sucedió. No eres culpable. Sin embargo, estás avanzando. Este es un paso importante, porque ya no ves la situación de manera tan unilateral. La culpa se divide: una parte sigue dirigida hacia la otra persona, pero otra empieza a volverse hacia ti.
Aquí puede ser difícil no caer en la autocrítica excesiva, pero es también un momento de gran crecimiento. Te das cuenta de que aferrarte a la culpa no te está ayudando a sanar, y aunque el perdón todavía no es completo, empiezas a abrirte a la idea de dejar ir parte del peso.
El tercer nivel: no hay nada que perdonar
El tercer nivel es un lugar de profunda liberación. Aquí es donde llegas a un nivel de consciencia que va más allá de la culpa, tanto hacia los demás como hacia ti misma. Epíteto dice que el sabio «no culpa a nadie», y este es el nivel en el que volverás a recuperar tu vida y tu paz mental. Confía en ello. Aunque acepta que es un proceso más largo de lo que te gustaría. Crecer puede llevar algo de tiempo.
En nuestro ejemplo del atasco, es como si llegaras a aceptar que el tráfico es solo una parte de la realidad, pero ya no lo ves como un obstáculo que te arruina el día. Entiendes que es solo una circunstancia externa, y decides estar en paz con lo que es. Tal vez incluso encuentras gratitud en ese momento de pausa inesperada en el ritmo de la vida diaria.
De la misma manera, en este nivel de consciencia, comprendes que buscar culpables no cambia lo que sucedió ni te ayuda a sentirte mejor. El tipo de infidelidad con la que trabajo, en matrimonios consolidados, parejas de 15, 20 y más años de duración, no es un acto intencionado porque ha perdido los valores y no le importe nada. Ese hombre está tan desconcertado como tú al vivir algo que jamás imaginó que haría. Escríbeme y pídeme que te envíe el PDF: La infidelidad del hombre bueno si estás pasando por esto.
Esta fase, para la mujer, es dura. Porque no entiendes como ese hombre bueno ha hecho algo así. En mi acompañamiento online, vivas en el país donde vivas, puedo guiarte para comprender lo que sucede y para que recuperes no solo tu matrimonio, sino la paz en tu corazón. Porque aunque no seamos responsables de lo que nos lastimó, siempre lo somos de hacer todo lo necesario para sanar. Esto si te lo mereces y no la infidelidad.
Cuando llegas a este nivel, empiezas a ver las cosas desde una perspectiva mucho más amplia. No significa que lo que ocurrió no doliera, ni te engañas a ti misma diciendo que no ocurrió. No es nada de eso. Es dejar de verlo como un ataque personal. Entiendes que las acciones de los demás están condicionadas por factores que a veces escapan a su control, y lo mismo sucede con nuestras respuestas.
En este espacio, el perdón deja de ser una necesidad porque ya no hay heridas abiertas que sanar. Dejas de lado la culpa, el resentimiento y te permites vivir en paz con lo que fue. Al igual que en el atasco, la situación externa no ha cambiado, pero tú sí. Al cambiar tu percepción, tu experiencia se transforma por completo.
¿Cómo llegar a este nivel?
Este proceso no ocurre de la noche a la mañana. Ten paciencia con tu dolor, con tu corazón. Evita presionarte para perdonar si aún el dolor es demasiado grande. Podemos trabajar juntas, online, en el Taller de Sanación Emocional. Es individual y privado. En el te acompañaré a moverte a través de estos niveles, con paciencia y con amor hacia ti misma.
Es importante que cada pequeño paso hacia adelante te acerca a la verdadera paz. La liberación, que no depende de lo que hicieron otros, sino de cómo eliges vivir tu presente. Como Epíteto dice,
«no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede».
- Y lo que quiero que te digas hoy es que estás en un proceso de crecimiento.
No importa dónde estés ahora, ya sea en el nivel del dolor más profundo o empezando a perdonar, el simple hecho de estar abierta a esta reflexión es un signo de tu fuerza. Con el tiempo, y con una mayor comprensión, puedes llegar a ese tercer nivel, donde ya no hay culpa, solo aprendizaje y paz.
Recuerda que todo es parte de tu camino, y que dentro de ti ya existe la capacidad de transformar ese dolor en algo mejor para ti. En la vida no podemos controlar lo que sucede, pero ante eso, podemos cambiar la manera de ver la situación. Eso cambia la forma en que te afecta. Y con ese cambio interno, abres la puerta a la paz, sin importar lo que ocurra fuera.
Estoy aquí para acompañarte, sabiendo que lo que te espera al otro lado es una paz que nada ni nadie puede arrebatarte. Cada paso que das, por pequeño que sea, te acerca más a esa versión de ti misma que ha encontrado la fuerza para crecer a través del dolor. Y eso, querida amiga, es un logro increíble que merece ser celebrado.
Estoy a tu disposición. Envíame un mensaje y agendamos una sesión para acompañarte a recuperar tu autoestima, tu seguridad personal, a perdonar y entender lo que sucedió. Te mereces sanar. Tus hijos, quienes te aman, merecen volver a verte sonreír.


Reader Interactions