No pensé que me pasaría a mí. Esta frase es habitual cuando trabajo con hombres, que han estado en matrimonios sólidos, de larga duración. Incluso, muchos de ellos, eran muy críticos con amigos y conocidos que habían sido infieles… Cuando el hombre fiel engaña, la situación es muy confusa. Para la pareja, para la familia, pero también para ellos. Nadie nos explicó que existe una infidelidad que NO es buscada, sino de deriva.
Cuando el hombre fiel engaña
No lo buscaste.
No saliste de casa pensando en ser infiel.
No escribiste a nadie en redes, no abriste Tinder, no te faltaba nada “tan grave” en casa.
Y, sin embargo… sucedió.
Una mirada te hizo sentir visto de nuevo.
Una confesión te hizo sentir deseado.
Una conversación laboral se volvió personal.
Un mensaje te activó algo.
Y ahora estás aquí.
Preguntándote cómo un hombre como tú —que aún se considera leal, comprometido, con principios— cruzó la línea.
No eres el único.
Desde 2010 soy coach en infidelidad. Pero no cualquier infidelidad. Solo trabajo en parejas de larga duración, con hombres que no fueron infieles antes, y lo están siendo (o han sido) en el entorno laboral. En estos 15 años he visto miles de casos «casi idénticos». Para ti todo esto es nuevo. Es como si tú vieras una película por primera vez, que yo he visto más de 3000 veces.
Puede que aún estés confuso. Y que necesites comprender lo que te pasó… para volver a tomar las riendas de tu vida.
La deriva: cuando la infidelidad no comienza con una decisión
La mayoría de los hombres fieles, en pareja, por más de 15, 20 o 30 años, que terminan en una infidelidad emocional o sexual, no lo planearon.
Eran tantas las coincidencias y tantos los patrones que se repetían en cada caso que atendía, y que no coincidían con lo que comúnmente asociamos a la infidelidad, que debía tener otra explicación.
Eso me llevó a definir este tipo concreto de infidelidad. La llamo infidelidad de deriva hormonal y cognitiva.
Detrás de la infidelidad hay un conjunto de mecanismos biológicos, psicológicos y contextuales que fueron «derivando» tu conducta, casi sin que te des cuenta, hacia una relación paralela.
¿Cómo empieza?
Sorpresa, halago, acetilcolina
Un día una compañera de trabajo te lanza una frase inesperada:
— “Ojalá todos los hombres fueran como tú.”
O
—«Admiro lo eficaz que eres en el trabajo».
O un poco más lejos…
—«Me gustas».
Esa frase se graba en tu mente como fuego.
La responsable: la acetilcolina, la hormona que fija los recuerdos ligados a la sorpresa y la emoción.
Tu cerebro empieza a asociar su presencia con bienestar, con sensación de poder, con validación.
La fantasía de sentirte “el elegido” se cuela por las grietas de tu rutina.
Y aunque aún no ha pasado “nada grave”, ya estás enganchado.
Con algo tan simple como una interacción repetida, sigues por la pendiente resbaladiza.
Ella te cae bien.
Hablan seguido.
Te admira. Te valida. Te escucha.
Y ahí entra la oxitocina, la hormona de las relaciones sociales.
No hay sexo, pero hay cercanía.
Y eso activa el sistema.
Te vinculas emocionalmente sin darte cuenta.
Y como no lo nombras, tampoco lo frenas.
La mayoría de los hombres con los que he trabajado han pasado por esta situación de «pendiente resbaladiza». Conversar con una compañera de trabajo, con la jefa, con una empleada, no tiene nada de malo. Eso dice la mente. Y al principio es verdad. Sin embargo, de manera no consciente, en tu cuerpo, están pasando «cosas» que tienen más que ver con la fisiología, con las hormonas, que con lo que conscientemente decides. Las hormonas no son algo que altera la conducta de las mujeres una vez al mes. Pero lo olvidamos.
La dopamina no pregunta si eres casado
Ahora la piensas constantemente.
La buscas sin darte cuenta.
Estás más pendiente de verla, quedar, de recibir un mensaje, que de volver a casa.
El sistema de dopamina, que se activa con la novedad, la anticipación y la recompensa emocional, te tiene atrapado.
Y aunque sabes que eso no va a hacerte feliz a largo plazo, sigues.
¿Por qué?
Porque las hormonas son más fuertes que la lógica en ese estado.
Y porque no sabes que también tienes sesgos mentales operando sin tu permiso.
Los sesgos que distorsionan tu percepción
Estos son algunos de los “trucos” que tu mente te juega cuando estás en la deriva:
- Sesgo de halo: si una cualidad de ella te impacta (como su admiración), asumes que todo lo demás también es bueno, perfecto… o incluso superior a lo que tienes en casa.
La mayoría de las veces, el sesgo de halo, hace que no se «vea» a la persona, sino lo que la mente ha «creado». Todos, casi sin excepción, repiten: Ella es buena persona. ¡Y no necesariamente ha de ser mala persona! Sin embargo, ha tomado una mala decisión, la de no tener en cuenta que tienes familia, esposa, hijos…
- Sesgo de reciprocidad: si ella se expone emocionalmente, sientes la presión inconsciente de corresponder. De “no fallarle”. De tratarle bien si te ha tratado bien.
En algunos casos, la «amiga» es casada. Y puede llegar a dejar a su pareja. Eso hace que el hombre, sienta que «le debe» reciprocidad. Y sigue, a la deriva, en esa pendiente resbaladiza, haciendo «porque se lo debe». Muchos de los hombres con los que he trabajado expresaban esto. «Ella se separó, y lo hizo por mí, no podía yo no hacer lo mismo». Aunque realmente, en el fondo, ellos no quieren dejar a su familia.
- Sesgo de aversión a la pérdida: cuanto más das emocionalmente, más difícil se vuelve soltar. No por amor… sino porque «invertiste», y ahora no quieres “perder” esa versión de ti mismo.
A uno de mis clientes, le pregunté: Quizás con ella podías permitirte ser otro hombre, alguien diferente a quien eras en casa, y ese «nuevo yo» te gustaba. ¿Tiene sentido esto para ti? Y su respuesta fue la siguiente:
Sí, era totalmente nuevo, más interesante, con una personalidad fuerte, y muchas posibilidades de hacer cosas, muy activo, pero a la vez protector, cariñoso. Independiente, una persona que tenía un trabajo importante, que era independiente, hacía lo que le daba la gana, que vivía la vida, viajaba mucho, etc. Me gustaba ese hombre que yo era con esa chica.
- Sesgo del presente: lo que estás viviendo ahora parece más real, más intenso, más verdadero… que 20 años de historia compartida con tu pareja.
Pero te lo digo con claridad:
Eso no es realidad. Es distorsión. He visto esta película muchas veces, en hombres de 35 países diferentes.
Además, toda esa «alteración», tiene fecha de caducidad.
Las hormonas tienen un ciclo. No definen quién eres
Lo que sientes hoy por esa otra persona no durará para siempre…
Ni siquiera si te separas y te vas con ella.
¿Sabes por qué?
Porque el proceso que estás viviendo no tiene que ver con ella.
Tiene que ver contigo, con tu estado hormonal, con la narrativa interna que tu mente ha creado para sostener la disonancia entre lo que haces y quién tú realmente eres.
Todas mis clientas lo dicen. Mi esposo era un hombre bueno. No era de ese tipo de hombre. Y es así. He trabajado también con muchos hombres en esta «deriva» y su mente era un verdadero infierno. Sufren. Uno de esos casos fue realmente duro.
Este hombre, en lugar de «confesar» la infidelidad, pidió tiempo. Pero su esposa, sin saber lo que ocurría, intuyó que tras 21 años juntos y ser felices, con tres hijos, no se pide «tiempo» porque sí. Le siguió. Y descubrió que estaba con una exempleada de sus tiendas. El día en que ella lo descubrió, se fueron a la casa que tenían en la costa. Allí, él se quedó unas horas solo al día siguiente. Y cuando su esposa volvió, él se había intentado cortar las venas.
La adicción es poderosa.
Hasta que logran salir del círculo de dopamina.
Seguir en contacto con esa persona, mantiene activa la adicción. Sigues controlado por tus hormonas, en los momentos de baja consciencia, como cuando estás cansado, aburrido, estresado, con sueño o hambre. Cuando el cerebro primitivo toma las riendas.
Y si no despiertas, seguirás confundiendo un «chute» hormonal con amor, huida con libertad, y novedad con felicidad.
Esto no va de elegir entre una mujer u otra. Va de elegir qué tipo de hombre eres tú.
Hazte esta pregunta:
¿Quién quiero ser yo en esta historia?
No solo hoy… sino dentro de cinco años, cuando mire hacia atrás.
¿El hombre que protegió su doble vida hasta que se rompió todo?
¿O el que despertó a tiempo, miró con valentía lo que estaba en juego… y eligió la verdad, aunque fuera difícil vencer a sesgos y hormonas?
Pon la mano en el corazón.
Mira a tu pareja.
A esa mujer con la que llevas 10, 15, 20 años. O más.
Con quien tienes historia, hijos, momentos que no se borran con una conversación en un pasillo.
Eso no es casualidad. Tu familia no es casualidad. Es construcción. Es vida. Es amor.
Y no, no todo está perdido.
Pero sí está en tus manos recuperar tu integridad.
Tú no eres tu error. Pero sí eres quien elige qué hacer con él.
La deriva se puede cortar.
El vínculo con tu pareja se puede sanar.
Y el deseo de sentirte vivo… se puede reenfocar.
No eres un traidor. No eres una mala persona. Quizás aún te culpas. Pero no eres culpable de tus hormonas. O de tus sesgos. Ahora que lo sabes, puedes tomar decisiones.
Eres un hombre en conflicto. En deriva hormonal y cognitiva.
Y también puedes ser un hombre que despierta, antes de perder lo que más importa.
Salir de una «adicción» a veces requiere ayuda. Desde 2010 trabajo en este tipo de crisis en parejas de larga duración, con hombres de valores y principios, que no entienden cómo fueron capaces de llegar tan lejos. Puedes dejarme un mensaje, directamente aquí, y te comento cómo puedo acompañarte a salir de esta.


Reader Interactions