se acabo el amor

Se acabó el amor ??

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En el 2008 tuve los papeles de divorcio en la mano. De eso hace ya 12 años. Pero a pesar de que todo parecía indicar tras 21 años juntos, el desenlace sería ese, la ruptura de nuestra pareja, de nuestra familia, hoy estamos más unidos que nunca. En unos meses celebraremos 34 años desde que nos dimos el primer beso. ¿Se acabó el amor, se había acabado? Esa fue la pregunta que mi esposo se hizo en aquel momento. Pero, ¿realmente cuando se acabo el amor se puede recuperar al pareja? La respuesta es si.  Un si rotundo. Quizás te preguntas si cuando el amor se acaba puede volver a nacer. El error que todos cometemos es pensar que el amor es como el combustible del matrimonio y que ese tanque puede quedar vacío. En realidad amar es un verbo. Y lo que ha ocurrido es que hemos dejado de conjugar ese verbo. Te lo explico

Se acabó el amor

Cuando tu pareja te dice que no siente lo que debería sentir, que te quiere, como la madre de tus hijos, pero no te ama, que no siente la chispa que debería sentir para continuar siendo una pareja, en el 99% de las veces lo que ocurre es que hay otra persona. No se acabó el amor, lo que ocurre es que tu pareja ha entablado una amistad, (la mayoría de las veces con alguien de su trabajo, en menos ocasiones con alguien de su pasado o con una persona de su entorno cercano, amiga incluso tuya, o una madre del colegio de tus hijos)

Ante una situación así, ante la infidelidad, que en general no reconocen y ocultan hasta que ya ven que es imposible seguir mintiendo, lo normal es que uno piense que se acabó el amor, que ya nada se puede hacer.

Esto mismo fue lo que me ocurrió hace 12 años. Unos meses después de haber recibido el más hermoso ramo de 21 rosas rojas con el que mi esposo me obsequió para celebrar 21 años desde que nos pusimos de novios. Y unos meses después me pedía tiempo y hablaba de divorcio. Quedé en shock. Nada de esto tenía sentido. No podía estar ocurriendo.

No había chispa

Más de dos décadas juntos no habían sido un error, una casualidad. Nadie pasa 15 o 20 años con una persona si no se aman y se sienten amados. Luego del enamoramiento, de esa etapa inicial de obsesión, deseo y locura transitoria, el cóctel hormonal se agota y por fin vemos a esa persona. Antes, mientras estamos «enamorados» solo vemos en el otro lo que queremos ver, lo que necesitamos que tenga, y a veces no es verdad. Por eso se dice que el amor es ciego. Lo que en realidad nos enceguece es el cóctel hormonal. Bien, una vez que esto se pasa, hemos construido una base sólida, nos hemos casado, formado una familia y tenido unos hijos, frutos de ese amor. El amor ve. Y muy bien. Nos vemos los defectos, y a veces cometemos el error de juzgarnos, en lugar de comprendernos y aceptarnos.

Y no, no se acabó el amor. Lo que ocurre es que ambos nos hemos dedicado a trabajar, creíamos que el amor estaría siempre ahí, que a nosotros no nos podía pasar lo que a otras parejas que se divorciaban, porque nosotras le queríamos y porque nuestro esposo no era el típico infiel o mujeriego, sino todo lo contrario!! 

Desde hace 10 años, acompaño a otras mujeres (y también a veces a hombres) a entender esta crisis que sacude sus vidas. El hombre, que no había sido infiel, sino alguien con valores y principios, una buena persona, de pronto se encuentra metido en un lío al que no sabe ni cómo se ha metido. No se lo explica, y se hace preguntas. ¿Será que el amor se acabó? ¿Será que ya no quiero a mi esposa y por eso siento algo por esta otra persona? Y dan por válido que es así.

La secuencia de esta crisis

Es realmente «de manual» como cada una de las crisis en las que trabajo van repitiendo situaciones, patrones e incluso las mismas palabras. No puede ser casualidad. NO lo es. Es un hecho. Te muestro la secuencia, que con algunas diferencias, se da en cada crisis en parejas consolidadas, familias sólidas de 15 o más años de convivencia.

    • Todo transcurre con normalidad. Algo de monotonía, muchas responsabilidades, vivimos, resolvemos problemas, con los hijos, el trabajo, la casa, a veces agobiadas, sobrecargados por el trabajo. Ambos hemos dedicado poco tiempo a la relación. Nos necesitamos, pero no nos lo decimos.
    • En un momento dado, comenzamos a notar a nuestro esposo más ausente, tiene más trabajo, e incluso estando en casa parece no estar. Le reclamamos, porque nos falta su presencia y pueden comenzar algunas discusiones y desencuentros. Ya ha empezado esa amistad con esa otra persona. Su cabeza no está en casa y eso, se nota.
    • Cada día aumenta el contacto y la confianza con esa mujer. Se siente nervioso. Los efectos de las hormonas están en su apogeo. Lo que empezó como algo inocente, ya no lo es. Se ha cruzado la línea roja.
    • Surgen las disonancias cognitivas. ¿Cómo se explica un hombre casado, para nada infiel, tener esas sensaciones que tiene? Es ahí donde surgen las «explicaciones». Si siento esto por esta chica, será que no lo siento por mi esposa. Será que se acabó el amor y empiezan a centrarse únicamente en los aspectos negativos de su pareja, que pudieran «justificar» que el amor se acabó. No me presta atención, no conectamos, está muy pendiente de los niños, yo no le importo, no somos compatibles, somos diferentes, etc, etc, etc.
    • Nadie puede tomar una decisión que va contra sus valores y principios sin pasar por esta lucha interna, sin cambiar la manera en que ve a su pareja. Por lo general, el hombre culpa a su esposa de no prestarle atención, de tener poca intimidad… no aceptan que todo esto surgió después de que empezaran a tontear con esa otra persona NO. Porque como no son un hombre infiel, en su cabeza no entra que lo estén siendo.
    • Las mentiras continúan. Y al no ser alguien mentiroso, surge una gran irritabilidad. Todo le incomoda. La casa se les viene encima, buscan salir, no estar con la esposa, porque se sienten mal con ellos mismos.
    • Pasan por una lucha interna, un caos mental. Su mente parece estallar, les dice que eso está mal, que es incorrecto. Sin embargo sus hormonas hablan y se sienten adictos a esas nuevas sensaciones. Pueden intentar dejarla, pero no es fácil, porque además no ha sido una mala persona y temen lastimarla. Imposible ya tomar una decisión que no cause dolor o a su familia, esposa e hijos o a ella.
    • No son una mala persona, sino un buen hombre, por eso están en esta situación de dolor, por el daño que saben que pueden causar a quienes quieren.
    • Viven durante unos meses en una doble vida. En casa no están «presentes», aunque estén allí. Su irritabilidad, por estar mintiendo y su caos mental, sumado a nuestros reclamos, esto hace que haya desencuentros o incluso discusiones por temas poco importantes.
    • Su mente se pregunta, ¿Cómo puedo sentir algo por esta persona, por dos personas a la vez? Esto no es posible. No puedo sentir amor por mi esposa y lo que siento por esta otra mujer. ¿Será que no amo a mi pareja?
    • En una discusión o ante un momento de tensión, nos dicen que no nos quieren como nos deberían querer, que no saben si continuar con la relación, que es mejor separarse.
    • Entramos en shock. ¿Qué me ha dicho? No, no puede ser que esté hablando de separación. Nos queremos, me quiere y yo a él.
    • Preguntamos si hay otra persona y lo niega. Miente con tanta convicción y sin temblarle la voz. Llegamos a creer que nosotras estamos equivocadas, que vemos cosas que no son, aunque en realidad si son. Podemos pensar que estamos locas, obsesionadas. Y empezamos a estarlo, por saber, por buscar entender.
    • Pueden irse de casa, y volver. Sin embargo, como no han dejado de escribirse con esa otra persona, su malestar y sus dudas continúan.
    • Creen que lo valiente es arriesgar todo, vivir esa historia, y si no va bien, soportar las consecuencias de haber perdido a su esposa. Piensan que lo cobarde es seguir en casa.
    • Creen que «si lo hacemos bien» los niños no van a sufrir por el divorcio. Incluso puede que hayan leído libros o artículos de internet que ensalzan los beneficios de «hacerlo bien».
    • Si hablan con alguien, será con quienes no les digan que es una locura separarse. Buscan apoyo en personas o amigos separados, o no hablan con nadie y pasan esta situación en silencio, sintiéndose mal con ellos mismos.

¿Se acabó el amor?

Desde 2010 he visto esta secuencia repetirse en cientos de casos. En 2008/2009 lo vivimos mi esposo y yo, tras 21 años de casados y con tres hijos maravillosos.

La mayoría de las personas, tras una infidelidad, piensan que solo hay un camino, el divorcio. ¿Y si no fuera así? 

Tras una crisis, las dudas del hombre son:

No podremos volver a ser felices

Algo se ha roto.

Lo he hecho tan mal que no puedo volver atrás.

No me lo perdonará nunca, viviré con esto sobre mi cabeza y lo puede usar en mi contra en cualquier discusión tonta.

No siento las mariposas por mi esposa, no las volveré a sentir.

Tras todos estos años y cientos de relaciones que han podido tomar el camino «menos habitual» solo puedo decir que EXISTE ese futuro en el que un matrimonio se recupera de una crisis, crece, mejora y se hace más fuerte tras ello. Tras una sacudida tan fuerte, los dos cambiamos, despertamos a una realidad dolorosa: «estábamos más ocupados con las responsabilidades, que con aquello que nos hacía felices, la pareja, el amor, la intimidad». Y una vez despiertos no volvemos a dormir.

Mi abuela siempre decía Si otros pueden, yo también puedo. Y precisamente esta frase fue la que me dio fuerzas durante meses para seguir adelante hasta salvar nuestro matrimonio. Otros habían podido!! Nosotros también podíamos!

Si quieres entender cuáles fueron los problemas, cuál es el origen de esta crisis, cómo para esta locura y recuperar tu matrimonio, escríbeme y trabajemos juntas. Si eres hombre, también puedes contactarme.

 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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