cuanto dura la crisis de los 40

Cuanto dura la crisis de los 40

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La pregunta  ¿cuánto dura la crisis de los cuarenta? presenta un planteamiento equivocado. Estamos sufriendo, por una situación de tensión en el matrimonio, que asociamos a la crisis de los 40 en nuestra pareja y queremos saber cuanto tiempo más tendremos que sufrir. Es normal, todo lo que estás viviendo es tan duro, genera tanta ansiedad, que nuestra mente no para de enviarnos una y otra vez la misma pregunta «cuanto dura la crisis de los 40» , ¨¿cuánto mas tengo que sufrir? Todos deseamos que este dolor se acabe, cuanto antes, o por lo menos tener una idea de cuál será la duración de nuestro dolor. Pero…

CUANTO DURA LA CRISIS DE LOS 40

Al preguntar esto, asumes que tu esposo, luego de unos días, meses o años, si tú esperas ese tiempo con paciencia, llegará un día en el que vuelva a ser como antes.

La verdad es que esto no ocurre así, ni ocurrirá. Puedes sentarte a esperar todo el tiempo que quieras. Algunas fuentes dicen que una crisis de la mitad de la vida puede durar 10 años. ¿Crees que los dos estarán juntos 10 años, pasándola mal, solo esperando a que acabe esta crisis?

NO, este no es el planteamiento para superar una crisis matrimonial de los 40 años.

Tus preguntas necesitas que sean otras. ¿Porqué llegamos a esta crisis? ¿Porqué llegamos a una infidelidad? ¿Qué necesito aprender yo de toda esta situación? ¿Cuáles fueron mis errores, los que aún no he comprendido? ¿He hecho ya todas las mejoras necesarias? ¿Qué es lo que hago yo que empeora nuestra relación, puedo hacerlo de manera diferente o dejar de hacerlo? ¿Que me está diciendo mi pareja cuando se queja o se molesta por lo que yo hago o por lo que digo? ¿Qué me está pidiendo la vida que aprenda, con esta crisis?

Una crisis genera cambios, en tu esposo, y ya no es el mismo hombre de hace unos meses, ni lo volverá a ser. Tampoco saldremos nosotras de esta situación siendo las mismas de antes, nos cambiará, aunque no nos guste. Y la verdad es que los cambios son necesarios y eran indispensables, porque así no  podían seguir.

El cambio, al final, será beneficioso para ambos. Pero nada cambiará si seguimos siendo los mismos que hemos entrado en crisis. Los mismos de hace unos meses, repitiendo errores, aquellos mismos que llevaron a la relación a tener una brecha por la que se metió una tercera persona.

Una vez que nuestra pareja entra en una crisis, el tiempo no es lo más importante, sino los pasos que demos. Si te ve a ti como la culpable de su infelicidad, aunque no lo seas, ahora así es como él lo piensa. Por eso, tenemos que analizar porqué te ve como parte de sus problemas.

Recuerdo que mi esposo, en una de las tantas conversaciones que tuvimos durante su crisis, en las que yo no podía entender qué le pasaba a mi esposo, saliendo por la puerta, casi gritó: Quiero Vivir.

¿Realmente era yo quien le impedía vivir? NO, no lo era, aunque seguramente había cometido algún error, al fin y al cabo somos humanos. Cuando tu pareja está en crisis, es necesario escuchar qué te dice, qué palabras usa, entender qué siente y qué piensa.

Por lo general, durante la crisis de la mitad de la vida, se puede haber llegado a un punto en el que se sientan atrapados en una vida que no les agrada. ¿Hay algo que nosotras podamos hacer? Si, seguramente podemos analizar en qué medida la convivencia se ha tornado difícil para nuestra pareja, analizar qué actitudes o malos hábitos tenemos, pero sin olvidar que los sentimientos de los demás no son única y exclusivamente responsabilidad nuestra.

En una relación de larga duración, a veces, la rutina y el exceso de confianza son dos de nuestros mayores enemigos. Por exceso de confianza podemos habernos gritado, faltado el respeto. Por exceso de confianza podemos haber hecho más de una vez la misma broma que ya no les hace gracia. Por exceso de confianza ellos también han cometido errores.

¿Acaso creemos que las parejas que vemos juntas, de la mano, con más de 25, 30 o 40 años juntos nunca han tenido una crisis? Seguramente si que han tenido una o incluso dos crisis a lo largo de sus vidas. Y sin embargo, cuando una situación así nos sacude, cuando nos damos cuenta que no sentimos las mariposas, o cuando no nos sentimos a gusto con nuestra vida, creemos que para recuperar la felicidad tenemos que separarnos.

Hace poco, leía un artículo, sobre una entrevista a un famoso neurocientífico colombiano, el Dr. Rodolfo Llinás. En la entrevista habla de muy diversos temas y entre ellos, habla sobre el amor.

¿Y el amor eterno?

Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

Cuando nos casamos creemos que el amor lo puede todo, que el amor es algo que se siente, que estará ahí para toda la vida. Creemos que las parejas que se separan lo hacen porque no se aman y esto no es verdad. Hay parejas que son fantásticas, donde por un momento de debilidad, uno de los dos se deja querer por otra persona ajena al matrimonio, recibe de esa persona comprensión, aliento, escucha activa y quizás no lo estaba recibiendo en el matrimonio. Lo inteligente es preguntarnos, ¿qué me está pasando? ¿Qué necesito solucionar en mi matrimonio? pero lo habitual es que quien se siente a gusto con una tercera persona se pregunte, ¿Como puedo sentirme a gusto con esta persona? ¿Será que no amo a mi pareja?

Comenzar a dudar de la relación es el primer paso para alimentar la idea de que la separación es la única opción disponible. La gran mayoría de las parejas de mis clientas, les expresan que no comprenden cómo se sintieron atraídos por otra persona.

A partir de ahí, las situaciones pueden comenzar a ser complejas. El hombre se vuelve irritable, cambia su conducta, comienza a cuidar su imagen, a juzgar todo lo que hace su esposa, a estar menos atento. Y nosotras, ante sus cambios, comenzamos a pedir más atención, más tiempo de calidad, más amor justo en el momento en el que no pueden darlo. Eso hace que puedan surgir más discusiones y conflictos, que le dan al hombre motivos para seguir alimentando la idea de separarse, de que así no es feliz,de que quizás sea más feliz con otra persona.

Si estás sintiendo que tu pareja entra en crisis, que notas cambios, si percibes alguno de estos síntomas (léelos aquí) no tienes tiempo que perder.

Una infidelidad no tiene porqué ser el final de un matrimonio, pero sí es el inicio de una crisis que de no gestionarla bien puede acabar con nuestra familia.

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