Infiel por sorpresa

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¿Es posible que una persona que no quería ser infiel lo haya sido? ¿Se puede ser infiel por sorpresa? No solo es posible, que la sorpresa ponga en marcha mecanismos físicos y mentales que derivan en una infidelidad no planificada, sino que es real. Mi trabajo está enfocado en acompañar a las personas y a las parejas, a entender porqué la infidelidad sacudió sus vidas y rompió su futuro. No solo entender, también sanar y mejorar la relación tras este tsunami.

Infiel por sorpresa

Hay infidelidades que se construyen lentamente.
Hay infidelidades que alguien busca, activamente.
Decisiones 100% personales.
Voluntarias.

Y luego está otro tipo de infidelidad. La que no se buscaba, la que no se planeó ni se decidió.

Una infidelidad que irrumpe de golpe, lo que vulgarmente podemos llamar flechazo.

La «inexplicable» infidelidad del hombre fiel.

Aunque esta infidelidad parezca inexplicable, sí tiene una explicación.  Es lo que observo en cada pareja con la que trabajo. Y la explicación no es la que se cree. Es hora de avanzar, de prestar atención a la ciencia y a los mecanismos cognitivos y neuroquímicos que operan detrás.

No todo el que fue infiel lo planeó.

No todo el que fue infiel dejó de amar a su pareja.
Y no todo el que fue infiel lo estaba buscando.

Desde 2010 he acompañado a más de 3.000 parejas, de 36 países, a entender la infidelidad inexplicable.

Esa que ocurre sin peleas, en parejas sólidas, bonitas, que no hacía mucho estaban comprando “su» casa, viajando por el mundo o acababan de tener un bebé.
Planes e inversiones (no sólo económicas) que no te planteas si tu relación no funciona.

La mayoría de las mujeres con las que trabajo han escuchado por parte de su esposo que «la relación no iba bien desde antes». Porque eso es lo que argumenta el hombre al reconocer la infidelidad. Ellos no hicieron nada. La culpa es de la pareja o está en fallos de la relación. Pero eso no lo hace él hombre. Lo hace su mente, de manera no consciente.

Permite qué te explique lo que ocurre (y ví en más de 3.000 casos)

Entender esta otra cara de la infidelidad de deriva —la que comienza sin vínculo, sin confianza, sin búsqueda deliberada— nos ayuda a mirar esta situación con menos juicio y más comprensión.
Lo que leerás no busca justificar la infidelidad.

Entender la verdad no borra el dolor.

Pero saber que esto no lo hizo porque fuera una mala persona, sino un ser humano con hormonas y sesgos, ayuda a sanar desde la verdad de lo que ocurrió.

La mayoría de las infidelidades no buscadas, de hombres fieles, buenos, en parejas de larga duración ocurren en el entorno laboral. Es lo que fui descubriento, caso tras caso. ¿Por qué se da la infidelidad mayormente en el entorno laboral?

Muchos pueden decir, que es por que allí es donde pasamos la mayor parte del tiempo. Sin embargo, mi reflexión es otra. Llegaron a la infidelidad en el entorno laboral, quienes no estában buscando ser infieles.

Desde 2010, y caso tras caso, era asombroso como el 90% de las infidelidades ocurrían mientras trabajaban.

Muchas comienzan con una relación cercana o con una amistad que se fue profundizando poco a poco.
Pero otras comienzan con un impacto repentino, una sorpresa. Porque “gustarle” a una mujer no deja de ser una sorpresa para el cerebro. Ahí no entran los valores y principios. Ahí no entra la realidad o los planes futuros. Los mecanísmos hormonales y mentales van mucho más deprisa que la consciencia y la reflexión.

Es un segundo. Algo inesperado, una mirada distinta en el momento menos pensado.

Y ese momento, aparentemente inofensivo, es el que inicia una secuencia de activaciones bioquímicas y distorsiones cognitivas que terminan “llevando” a un hombre —que nunca se había visto como infiel— a cruzar la línea.

En estos casos, no hay una construcción previa de confianza ni una dosis de oxitocina continua, como sucede en el 90% de los casos ligados al entorno laboral diario.
Aquí, el disparador es la acetilcolina que segrega el cerebro ante la sorpresa. Esa chispa súbita que desestabiliza el sistema emocional.
Quizá en un viaje de trabajo, una conferencia, un evento social, una interacción o encuentro casual.

La Secuencia:

Infidelidad de Deriva que comienza con Sorpresa y no con Vínculo
1. El impacto inesperado: validación emocional no anticipada

Puede ser una frase, una mirada, una sonrisa o una conversación que hace que el hombre se sienta visto, admirado o deseado de una forma que le resulta inusual, en el momento exacto.

No se lo esperaba. Y eso es precisamente lo que lo impacta.

Esta validación sorprende. ¿Qué ocurre en el cerebro ante la sorpresa?

Se activa la acetilcolina, el neurotransmisor que fija los recuerdos emocionales. El evento queda grabado con nitidez y fuerza, mucho más de lo que él mismo puede racionalizar.

Se produce una especie de marca emocional, como si algo dentro de él dijera: “Esto fue importante” «No sé qué me pasa, pero siento que estoy vivo» “No puedo dejar pasar esta oportunidad” “Nunca me había sentido así”

Esto se debe a la función específica de la acetilcolina. Se asemeja a encender un foco de luz en un escenario oscuro. La acetilcolina da relevancia a esa sorpresa y “oscurece” todo lo demás.

2. Dopamina y recompensa: la adicción y la búsqueda de repetir la experiencia

El recuerdo de ese momento empieza a repetirse en su mente.

No puede evitar revivirlo: lo que sintió, lo que escuchó, lo que pensó después. El “foco” del escenario que no se apaga.

Ante la sorpresa, el cerebro necesita saber si hay una recompensa o un peligro. Y como dijimos antes, lo interpreta como positivo. Esto activa el sistema de recompensa: el núcleo accumbens. El cerebro empieza a liberar dopamina, que le impulsa a querer más de esa sensación.

No lo planea. No lo entiende del todo.

Solo sabe que algo lo arrastra y se deja llevar. Incluso se pueden llegar a resistir. Su vida entró en una montaña rusa.

Aunque no haya vuelto a ver a esa persona o no tenga contacto directo, la mente fantasea, proyecta, busca. Puede revisar redes sociales, mirar correos dos veces, o esperar “por si acaso” un nuevo encuentro.

3. Inicio de la fantasía: narrativa interna y pequeños permisos

La mente empieza a construir una narrativa alrededor de esa persona. Aunque no haya intimidad real, el cerebro la idealiza, completando vacíos con proyecciones, películas mentales.

Aparecen pensamientos como: “Qué raro que me haya dicho eso…”, “Parecía que me conocía de toda la vida”, “¿Y si la vida me está mostrando algo?”.

En esta fase, el hombre aún no ha cruzado límites claros, pero ya ha empezado la desconexión emocional, aunque sea parcialmente, de su pareja actual.

4. Disonancia cognitiva anticipada: comienzo del conflicto interno

A medida que la interacción se intensifica, comienza a surgir una disonancia interna:

  • “¿Por qué estoy pensando tanto en esto? ¿Qué me está pasando?”

Para aliviar la incomodidad, el hombre empieza a justificar sus pensamientos:

  • “Es solo una fantasía”, “No pasa nada por imaginar”, “Todo el mundo lo hace”.

Esta minimización es un autoengaño que le permite seguir alimentando el vínculo imaginario sin sentir culpa inmediata.

5. Encuentro o contacto casual: la realidad supera la fantasía

Si hay un segundo encuentro (que a veces ocurre de forma casual o aparentemente accidental), el deseo latente se vuelve acción.

El hombre siente que “la vida le está llevando ahí”, como si todo se alineara, como si fuera el inicio de un “nuevo yo”, una versión más segura y poderosa de sí mismo. Pero en realidad es el resultado de una adicción dopaminérgica disfrazada de destino.

En este punto, incluso si ocurre un solo beso

A diferencia de una infidelidad sostenida, aquí el impacto es agudo y genera mayor confusión.

“¿Cómo llegué aquí tan rápido?”, “¿Qué me pasó?”, “Esto no soy yo”. “No entiendo cómo he terminado metido en esto.” “No merezco que me perdonen.”

El malestar, lejos de detener la conducta, a veces la intensifica, porque la dopamina y la idealización se mezclan con la necesidad de justificar lo vivido.

Dos versiones de sí mismo

Hay momentos en que el hombre fiel, siendo infiel, se muestra distante, frío, incluso soberbio. Como si nada de lo que ha pasado le tocara realmente. Es la parte de él que se protege desconectándose, que huye antes de sentir, que se convence de que lo ocurrido no es tan grave o que “ya pasará”.

Esa versión que habla desde la coraza, que parece fuerte, pero en realidad está tratando de no derrumbarse. Cuando está con la otra persona, puede parecer que encuentra un refugio, pero ese refugio es solo un alivio temporal, una pausa en medio del caos interno que no desaparece. La verdadera paz no está ahí, sino en ese lugar donde él aún no ha podido conectar: consigo mismo y con quienes realmente lo aman.

¿Cómo saber con quien estás hablando?

Cuando el hombre está bajo los efectos de la adicción a la dopamina, todas las mujeres con las que trabajo han observado que es «alguien diferente». Su lenguaje corporal es diferente. Más agresivo, inquieto. Cuando es “él”, lo notan cabizbajo, apenado. Sus ojos, su mirada, es lo que mis «chicas» detectan con más facilidad. Su mirada te dirá quien es él en ese momento.

Esto no es fingido. No es planeado. Ni siquiera se da cuenta en ese momento.

Es una fase compleja.

No es cuestión de voluntad o fuerza. Sus valores y principios no han desaparecido. Por eso sufre. No puede dejarlo porque está atrapado en una maraña emocional y biológica que lo hace volver, aunque sepa que eso no le trae felicidad ni paz.
La montaña rusa sube y baja dentro de él.

En ciertos instantes, aparece esa otra parte: más vulnerable, más honesta. Es el hombre que reconoce que está roto por dentro, que no entiende cómo ha llegado hasta aquí, que llora en silencio cuando nadie lo ve. El que se siente confundido, agotado, y profundamente solo. El que no puede dejar de pensar en lo que pierde ni de preguntarse si aún hay una forma de repararlo.

La lucha interna

Ambas partes conviven en él. Por eso se aleja y luego se acerca. Por eso un día parece indiferente y al siguiente, se rompe. Está atrapado entre el impulso y el vacío, entre la necesidad de huir y el deseo de volver a casa.

Y aunque él mismo se pregunte cómo ha terminado en esa situación, también reconoce que no puede dejarlo, que no es tan fácil como quisiera. No porque quiera quedarse, sino porque algo más fuerte lo retiene.

No se trata de amor, sino de una dependencia emocional y neurobiológica que lo arrastra, incluso cuando sabe que se está haciendo daño.
En el fondo, sabe que no es feliz. Y aunque se esfuerce por aparentarlo, algo en su mirada lo delata: la tristeza de quien se ha perdido a sí mismo.

Y en medio de esa lucha, surge una verdad poderosa: no se trata de elegir entre su pareja o su amante, sino de elegir quién quiere ser.

Un patrón que no se ajusta a lo tradicional

Este tipo de infidelidad no responde a los modelos clásicos de búsqueda de placer, escapismo emocional o crisis relacional. No es narcisista o un cretino.

Al contrario, todos mis “chicos” eran y son hombres buenos.

Un infiel, una mala persona, no sufre. Lo hace y ya. Mis chicos sufren, lloran a oscuras, piensan que la muerte les libraría de este “problema”. Es muy duro estar en su lugar. He tenido un caso incluso en el que al enfrentarse a la realidad (su esposa descubrió la infidelidad) él intentó suicidarse.

Eso no lo hace una mala persona. Lo hace alguien que está experimentando un tremendo dolor.

Esta infidelidad sucede a hombres que, en muchos casos, no tenían quejas significativas de su matrimonio, que se veían a sí mismos como leales, y que jamás habrían imaginado estar en esa situación.

Surge en un momento de vulnerabilidad emocional, de desconexión interna, o en fases de transición vital (como la mediana edad, el envejecimiento, el cambio profesional o el vacío del nido).
Y es entonces cuando una validación inesperada cae como un rayo sobre una estructura emocional ya resquebrajada.

Todo pasa. Y esto pasará.

Las hormonas tienen un periodo de vida. A la mente se le puede engañar un tiempo. Y pasado ese tiempo, se puede ver la realidad.

Lo que ocurre… es que la mayoría de las personas y de las mujeres, al ser tanto el dolor, no pueden esperar 2 meses, 3, hasta que el hombre “despierta”.

Muchas veces me dicen:

Gracias por no dejarme rendir.
Gracias por creer en nuestra pareja. Tú creías más en mi esposo que yo misma.

Y siempre les digo
Tu estás viendo un “Capítulo” de la serie de tu vida, por primera vez.
Yo llevo viendo el mismo capítulo una y otra vez, durante 15 años, más de 3000 veces. Y conozco por adelantado todo lo que sucederá.

Si tu pareja cumple con los patrones de las infidelidades que se sanan, escríbeme y te acompaño a entenderlo. Y si eres hombre y no entiendes porqué has sido infiel, aunque tu mente cree tener la respuesta, escríbeme.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

@2010-2025

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