Cuento con moraleja El Caballo perdido del Anciano Sabio

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Permíteme compartir contigo hoy un cuento con moraleja. Lo compartí en mi anterior blog, allí por 2015. Es un relato de la filosofía taoísta que habitualmente comparto con mis chicas.

A lo largo de la vida irás viviendo situaciones. Algunas, dolorosas. Muy dolorosas. Que en ese momento te llevarán al límite de tus fuerzas. Sin embargo, lo que en ese momento juzgas como negativo, puede que en el futuro se revele como algo necesario para una situación positiva posterior. Y un cuento con moraleja es una excelente manera de recordar esta idea.

¿Buena Suerte o Mala Suerte? Quien lo sabe….

En cuanto leas el cuento taoísta que te comparto a continuación entenderás a qué se refiere esa frase. Es un cuento sobre la resiliencia, que nos invita a no juzgar todo en el momento. Nos invita a «esperar» sin hundirnos en el dolor y el desconsuelo… quizás esto mismo es la semilla de algo que será para ti muy positivo.

Imagino a mis abuelos, allá por 1948, dejando la España de la postguerra. No creo que mi abuela viera como positivo viajar durante 21 días en un barco con tres niños (mi madre incluida) donde el mayor tenía 4 añitos. Supongo el dolor de irse sabiendo que no volvería a ver a su padre. No creo que viera aquel viaje tan bueno en ese momento, como quizás lo viera ya muchos años después, al ver que gracias a haber emigrado, sus hijos se casaron y allí tuvo nietos. Ninguno de los 12 nietos de mis abuelos serían los que fueron, sin aquel viaje. Incluso sin la guerra civil que los motivó a emigrar buscando una vida mejor para sus hijos.

No sufres anticipadamente. Sé que cuesta evitar sufrir por una situación que hoy nos está rompiendo. Y sé que no es fácil pensar hoy, que esto tan doloroso, en poco tiempo puede que origine una situación positiva. ¿Quién lo sabe?

Cuento con Moraleja

El caballo perdido del Anciano Sabio

Cuenta esta historia, que hace muchos años, un campesino, vivía apaciblemente con su hijo. Tenían un caballo. Con él realizaban las labores del campo. Un día, como cualquier otro, el caballo escapó.

Un vecino, al saber la noticia, les fue a consolar.

— ¡Qué mala suerte! Se les ha escapado el caballo, —dijo el campesino. — ¿Cómo trabajarán la tierra ahora?

Pero el campesino sabio le respondió:
— ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que se nos ha escapado el caballo. Lo demás, el tiempo lo dirá.

Pasados unos días, y para su sorpresa, su caballo regresó. Pero volvía seguido de una yegua.

El vecino, nuevamente fue a casa del anciano, quería felicitarle por tan buena suerte.

— Esto sí que es buena suerte, tenías un caballo perdido y ahora, además, tienes una yegua.

— ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que el caballo ha regresado con una yegua. Lo demás, el tiempo lo dirá. — volvió a decir tranquilamente el anciano sabio.

Al día siguiente, el hijo del campesino se dispuso a domar a la yegua salvaje. Y en ese momento cayó al suelo y se rompió una pierna.

— ¡Qué mala suerte! — exclamó esta vez el vecino, al ver lo que para él era un gran infortunio para el campesino.

— ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que mi hijo se ha roto una pierna.

Lo demás, el tiempo lo dirá.

El muchacho curó, pero tuvo que acarrear una cojera permanente. Un buen día, la región donde vivían entró en guerra. Los gobernantes ordenaron reclutar a todo hombre joven. Y los guerreros se presentaron en cada una de las casas, para llevarse,  obligatoriamente, a todos los jóvenes del pueblo.

Al llegar al campo del anciano sabio y su hijo, le vieron cojear y preguntaron:
— ¿Qué te ocurre en esa pierna?
— Me la he roto domando a una yegua, no puedo correr y nunca más caminaré sin cojear. – dijo el muchacho.

— Así no nos sirves — comentaron los soldados y marchándose para seguir reclutando a los hijos de todos los vecinos.

Cuando se hubieron ido, el anciano le dijo a su hijo:
— ¿Entiendes ahora por qué tantas veces he dicho que el tiempo lo dirá, hijo mío?

Los hechos que nos suceden en la vida no son, en sí mismos, ni buenos ni malos. Puede que algo que al principio pareciera bueno, acabe dando lugar a otro suceso que nos parezca malo, y así sucesivamente. No sufras por lo que sucede. Lo que nos genera dolor es la opinión que tenemos de lo que nos ocurre. No tengas prisa, espera a ver como cada situación afecta tu futuro. Un día, con tu pierna rota, ante el médico, la maldijiste y ahora, gracias a la buena suerte de rompértela has evitado la guerra y quizás hasta la muerte.

Dale tiempo al tiempo

No te apresures a juzgar y sufrir por lo que te ocurre hoy. Intenta no cargar de emocionalidad lo que la vida te presenta. El tiempo lo dirá. Quizás hoy no puedas ver nada positivo en un divorcio, en una crisis de pareja, en haber suspendido un examen….

Hace 15 años este blog no existía. Hace 15 años yo ni siquiera había pensado en formarme en coaching ontológico.

Sin aquellos sucesos que en un principio «etiqueté» como negativos, no habría escrito ninguno de mis libros, ni habría conocido a personas excelentes.

A veces todo cobra sentido pasados unos años.

Todo por el camino… ya se verá.

Viki Morandeira
Coach Ontológico

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