cuando no me amo no puedo amarte

Cuando no me amo no puedo amarte bien

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Te amo. ¿Me amas? Solemos creer que para que una pareja funcione, solo es necesario el amor mutuo. Pero olvidamos una realidad. «Cuando no me amo no puedo amarte bien». 

¿Una crisis de pareja es una crisis de pareja o es una crisis personal cuyo daño colateral afecta a tu relación? Tú y tu pareja están tan «mezclados» que a veces no se diferencia cuando algo es un problema individual o mutuo. Las personas para sentirnos bien con alguien, necesitamos primero sentirnos bien con nosotros mismos. Y para amar bien, es necesario que asuma que cuando no me amo no puedo amarte bien. 

Cuando no me amo no puedo amarte bien

Pero cuando me amo y me respeto, me perdono y me valoro, sano mi autoestima, procuro conocerme mejor, entenderme y sanar mis heridas del pasado, entonces, puedo amarme y recién ahí, amarte bien. 

Dos factores del bienestar humano

¿Qué necesita una persona para «estar bien»? ¿Qué necesitas tú para sentirte bien y con paz mental? Está claro que sería imposible en este artículo responder la pregunta que la humanidad y millones de psicólogos se vienen haciendo desde hace décadas, pero permíteme darte mi punto de vista sobre el «estar bien» contigo para así estar bien con tu pareja. Y lo haré a través de 2 factores importantes para el bienestar de todo ser humano. La necesidad de pertenencia y la necesidad de individualidad. 

Pertenencia

El sentimiento de pertenecer a un grupo, de ser parte de tu familia, de ser parte de una pareja, estar integrado con tu grupo de compañeros de trabajo, de la universidad, con los amigos con quienes compartes hobbies es un punto imprescindible para tu propia felicidad. El ser humano es un ser social. Y un ser que requiere de cuidados desde el momento del parto, si no, moriría de inmediato. En el reino animal hay muchas especies que tras desovar jamás vuelven a ver a sus «hijos». Tú no eres así. Tú naciste necesitando cuidados y pertenecer a un grupo. Y perder eso da pánico.

Uno de los miedos primitivos más paralizantes es el miedo al rechazo. Las personas con este miedo se comportan diferente a aquellas personas que no temen el rechazo de su «grupo». ¿Te ocurre esto a ti?

  • Cambias tus conductas/decisiones/acciones para que mamá/papá/jefe/pareja/amigos no te critiquen ni digan nada
  • Temes que si eres tu mismo podrían dejarte de querer
  • Te comportas de una manera que no es coherente con tu propia esencia
  • Ocultas o mientes para evitar tener que dar explicaciones
  • Dices que si a lo que te piden pero luego te pesa cumplir porque hubieras preferido decir que no

En épocas remotas el peor castigo que se le podía imponer a un ser humano por sus acciones contra otros era el destierro. Desterrarlo suponía condenarlo al hambre, a no pertenecer más al grupo, a veces, a morir en la soledad. Por eso sientes la necesidad imperiosa de que tu familia, tus amigos,  te aprueben, te acepten, te permitan pertenecer, incluso aunque vivas en incoherencia contigo y te estés haciendo daño. 

Individualidad

Si bien, pertenecer a un grupo y estar integrado en él es importante para el bienestar de una persona, la necesidad de su propia individualidad compite con ello. E incluso es más importante. ¿Cómo puedo respetarme, ser yo mismo, independiente y coherente con mis necesidades si temo que al respetarme y ser yo pueda sufrir el «destierro» de la familia o que mi pareja me deje de querer?

Durante años, décadas o incluso pueda parecer que toda la vida, te has comportado desde el miedo al rechazo de tu familia, de los amigos. Desde ese miedo, puedes haber «sobreactuado» en busca de su amor. Me querrán si soy el mejor en mi profesión. Me querrán si soy muy bueno con lo mío. Me querrán si soy exitoso. Me querrán si soy accesible, fácil.

Este miedo viene de la infancia. Si has tenido unos padres exigentes o críticos, para quienes solo había una manera de hacer las cosas, LA SUYA, entonces es seguro que has vivido oprimido. Pero no por ellos. Por tu propia autocensura. Fue una conducta que de pequeño, te sirvió para protegerte, para evitarte la pérdida del amor de mamá o papá, para no vivir el rechazo en el grupo del cole. En su momento, «no ser tu mismo» parecía una buena idea para disfrutar de tu necesidad de pertenencia. Pero con el tiempo, y los años, llega un punto en el que estás harto de fingir, de no ser tú y eso es una olla exprés puesta al máximo y llena hasta arriba.

Vence el miedo

Cuando no me amo no puedo amarte bien. Esto supone que cuando no me amo, no me respeto, no respeto mi coherencia ni mis necesidades, estoy comportándome de una manera que me hace daño, con tal de que los demás me sigan dando su amor. Pero también supone que yo mismo me desvalorizo, me veo peor que los demás, un fracaso, mi autoconcepto es pésimo. Soy un desastre, un bueno para nada.

¿Por qué? 

Porque en mi interior tengo esa batalla entre «necesitar que me amen» y mi propia individualidad luchando por expresarse. Muchas veces esta guerra transcurre sin que tu propia pareja sea consciente de ello. En mi caso, necesité oír de alguien del entorno de la amante de mi esposo me dijo «Este hombre está sufriendo mucho». Ahí fue cuando comprendí que no estábamos ante una crisis de pareja, era una crisis en la que mi esposo estaba luchando solo, con su dolor, con sus miedos, porque yo no me había dado cuenta de ello.

No leo tu mente. No puedo saber que cuando dices si, lo haces por miedo al rechazo, porque necesitas mi amor. Yo te lo doy, sin que finjas ser otro. Porque te amo por quien eres, y no por lo que haces.

Mereces ser amado

Todo ser humano merece ser amado. Por quien es. No por lo que hace o por cómo se comporta con los demás. Lamentablemente, si has crecido con unos padres que no han sabido darte amor incondicional, has crecido creyendo que el amor está «condicionado» a ser un chico bueno, a no decir quien eres, qué quieres. Puedes fingir que no duele durante un tiempo, pero a la mitad de la vida, con 40 o 50 años, esa olla exprés puesta al fuego a toda llama, explota.

Tú explotas y eso «salpica» a quienes más cerca de ti están. Cuando no me amo no puedo amarte bien significa también que te haré responsable de mi dolor, que te culparé de mis crisis, de mis problemas, de mis traumas, porque tú no has sido capaz de sanarme, de darme el amor que llevo necesitando media vida.

Una crisis de pareja ocurre cuando hay una pareja.

Y ocurre cuando una o las dos partes de la pareja sufren vacíos, arrastran heridas, y no han sabido pedir ayuda al otro de la manera apropiada para que el otro realmente comprendiera lo que se le estaba pidiendo. ¿Realmente de qué te alejas al buscar una separación? ¿De tu pareja, de la persona, o del dolor qué tú estás experimentando en tu vida? 

Mereces ser amado. Por quien eres. Algunas personas estarán contigo un tiempo, por lo que tienes, porque eres una persona divertida, porque les das tu tiempo o tu dinero, o tu persona, a cambio de su atención y un poco de amor. Sin embargo, cuando tú haces esto desde el miedo y la necesidad, tu «hambre» de amor y de nuevas experiencias puede no acabar nunca. Otras personas, tu familia, tu pareja, tus hijos, estarán contigo siempre, por quien eres. Dicen que ante la enfermedad o la bancarrota es cuando realmente se conoce quien te quiere… cuando estás bien los amigos están, cuando estás mal, muchos desaparecen.

No necesitas odiar a los demás porque cometieron errores. Hace poco leía en un libro, que después de los 18 años ya no vale cargarle a papá y mamá las culpas. Y me atrevería a añadir, en la crisis de la mitad de la vida no vale cargarle las culpas a tu pareja.

La vida nos «cruza» con la persona adecuada.

La vida es un camino de aprendizaje, y aquella persona que nos lleva a un conflicto, al dolor, a veces es la persona que nos puede llevar a aprender, a crecer, a sanar nuestras heridas. Después de 34 años junto a mi esposo, (ayer además celebramos nuestro 28 aniversario de bodas) mi forma de verlo cambió por completo. Tras nuestra crisis continuamente me preguntaba: ¿Qué hay aquí para que yo pueda aprender? ¿Cómo esta circunstancia me ayuda a cambiar para mejor?

Comprendí que había vivido con miedo al rechazo, que había tenido conductas por miedo, que no había sido yo misma, que buscaba el amor por «lo que hacía» y no por quien era. Y comprendí que mi esposo actuaba igual. Afortunadamente pudimos ver que nos amábamos por encima de esa crisis, que la familia que habíamos formado juntos, nuestros hijos, se merecían tener una oportunidad de poder seguir teniendo en casa a su papá y a su mamá. Afortunadamente crecimos, cambiamos y mejoramos. 

Hoy los dos tenemos nuestra individualidad pero también sabemos que pertenecemos a una familia donde nos aman por quien somos, por nosotros mismos, sin fingir ni tener que ganar ese amor condicionado.

Una crisis de pareja puede esconder problemas personales dolorosos, profundos. Tienen solución. Pide ayuda. Para divorciarse siempre hay tiempo. Para salvar la familia de tus hijos a veces solo tienes una oportunidad. Esta oportunidad.

Viki Morandeira

Coach Ontológico de Parejas en Crisis.  

 

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