¿Por qué te cuesta cortar… si sabes que no es por ahí?
La esposa se lo pregunta, muchas veces con desesperación.
Pero también tú, como hombre, te lo preguntas en silencio. No puedo dejar a mi amante. Lo he intentado, pero vuelvo. Tras más de 15 años enfocada en acompañar la infidelidad en el matrimonio de larga duración, como evento inesperado y no buscado, puedo decirte que escucho esta preocupación muchas veces.
Ayer tuve una sesión con un hombre que estaba justo en ese punto.
Sabía que esa relación paralela no tenía futuro. Ya la había dejado.
Sabía que no quería hacer daño, ni a su esposa, ni a sus hijos, ni a sí mismo. Ni a ella.
Y, sin embargo, le costaba cortar la comunicación por completo. Y eso le preocupaba.
¿Te está ocurriendo algo parecido?
Entonces sigue leyendo. Esto es para ti.
Algo dentro de ti ya lo sabe
Sabes que eso no es lo que quieres.
Que esa relación paralela no tiene rumbo.
Que lejos de hacerte feliz, todo esto te ha traído estrés, ansiedad, angustia, insomnio, irritabilidad.
Estás dividido, con culpa, ansiedad y contradicción.
Y, sin embargo, no logras cerrar del todo.
Te lo propones.
Te convences. Esta vez sí.
Pero basta un mensaje inesperado.
O un mal día.
Y vuelves.
¿Por qué?
¿Por qué te cuesta tanto soltar? ¿Crees que es porque hay sentimientos?
La respuesta no está solo en tus emociones.
Está también en tu biología, en tus sesgos mentales… y en una parte de ti que se resiste a perder.
No es amor. Es aversión a la pérdida
Tu mente no está aferrada a ella como persona.
Está aferrada a lo que tú representabas en esa relación.
Y a lo que sientes que perderías si la dejas.
Eso se llama sesgo de aversión a la pérdida:
“El dolor de perder algo se siente el doble de intenso que el placer de ganarlo”
(Kahneman & Tversky, Prospect Theory).
En este caso, lo que tu mente teme perder no es a esa mujer.
Sino el rol que tú tenías con ella:
El protector.
El salvador.
El que la ayudaba a estudiar, a salir adelante, a “estar bien”. El que se sentía admirado. Al ego le gusta esa «sensación».
Y ese rol alimentaba una parte de tu identidad que quizás ya no estabas sintiendo en tu casa, en tu día a día, en tu relación actual.
Entonces, cuando piensas en cortar, no sientes solo vacío…
sientes que estás traicionando algo que te hacía sentir importante.
Lo sé. Porque lo he acompañado
Acompaño desde 2010 a hombres que han caído en esta trampa emocional. Más de 3000 parejas, de 35 países diferentes. Y puedo decirte que los patrones se repiten sin importar la condición social, económica, cultural. La estructura mental es muy similar, aunque todo lo demás sea diferente. Y es por eso que hombres de todos los países y condiciones, en matrimonios de larga duración, con una infidelidad no buscada al inicio, repiten las mismas frases, viven las mismas experiencias, y tienen las mismas inquietudes: No puedo dejar a mi amante. Y realmente no entienden por qué les ocurre.
Uno de mis «chicos», uno de los hombres con los que trabajé, llegó a enviarme una captura de pantalla de todas las veces que bloqueaba a su amante y la volvía a desbloquear, para que yo tuviera noción de lo difícil que era esto para él y de lo mal que lo estaba pasando. Le costaba dejar a ese «hombre» que era esa otra relación. En este otro artículo te lo cuento
WhatsApp: la herida sigue abierta
Quizás tu mente te dice: «Solo le escribo para saber cómo está. Me preocupa, sé que no lo estaba pasando bien. No soy mala persona por escribirle». Y no, no eres mala persona. NO es eso.
Lo que ocurre es que el contacto constante es un obstáculo real en tu avance.
Mientras tengas el canal abierto —aunque “solo” sea un WhatsApp esporádico—
tu cerebro sigue esperando una señal.
Y esa espera genera dopamina.
Sí, la misma dopamina que aparece en una adicción, también se libera cuando esperas ese mensaje, ves el doble check, o ves que ella está en línea.
Estudio sobre dopamina y adicción tecnológica ›
Ese tipo de recompensa intermitente —a veces está, a veces no—
es lo que vuelve tan difícil cortar con una relación sin futuro.
Artículo sobre refuerzo intermitente y adicción emocional ›
Incluso el doble tick azul de WhatsApp actúa como un «empujoncito» psicológico, una presión silenciosa que te mantiene en el ciclo. Los creadores de las redes sociales, de los sistemas de mensajería instantánea lo saben. Han puesto esos «mecanismos» ahí para que todos tengamos una adicción a sus empresas, para tener nuestra atención y que consumamos su publicidad. Pero en la infidelidad, eso «suma» a una situación ya adictiva a la dopamina.
Estudio sobre presión social en mensajería ›
¿Y si no es amor lo que sientes?
Muchos hombres, al no poder soltar, se dicen:
“Debe ser amor verdadero, si no, ¿por qué me cuesta tanto dejarla?”
Pero no.
Amor no es lo que te hace mentir.
Ni lo que divide tu energía vital.
Ni lo que te hace actuar en contra de tus valores y principios.
Lo que sientes no es amor:
es un cóctel de dopamina, culpa, refuerzo emocional…
y un ego que no quiere soltar el papel que jugaba en esa otra relación.
¿Cómo cortar?
- Reconoce qué parte de ti se sostiene en esa relación.
¿Qué necesidad personal cubría ese vínculo para ti? ¿Qué parte de tu identidad alimentaba? ¿Aumentaba tu autoestima? ¿Te hacía sentir útil? ¿Había una «intención» positiva en esa relación? - Acepta que cortar generará incomodidad.
Vas a sentir un vacío, estabas acostumbrado a esa interacción. Será un vacío temporal. No porque la amabas, sino porque estás dejando una adicción emocional. - Cierra el canal completamente.
Bloquea WhatsApp. Elimina accesos. Sal de esa frecuencia.
El contacto parcial solo prolonga la confusión.
- Recuerda quién eres realmente.
No eres un hombre débil.
Eres un hombre que necesita salir de un circuito adictivo para volver a ser libre. - Hazlo cuando estés preparado.
Es inútil que te obligues a hacerlo antes de estar preparado para tomar esa decisión de manera firme y efectiva. Porque las recaídas, como con las drogas, el ayuno o el tabaco, hacen que cada vez confíes menos en ti, en tu capacidad para lograr ese objetivo.
Mereces paz
No necesitas pena.
No necesitas castigo.
Necesitas decisión. Y conciencia.
Mereces dejar de vivir dividido.
Mereces sentirte orgulloso de ti mismo.
Y es necesario que puedas reconstruir tu integridad.
Y eso empieza cuando cortas no solo el contacto,
sino también la historia que tu mente se ha contado para justificarlo.
¿Te resonó?
Si este artículo te hizo clic y quieres que te acompañe en este proceso, contáctame.
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