gestionando el enojo

Gestionando el enojo (Serie IE 1)

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Solemos creer que las peleas tontas no tienen consecuencias. Pero si no estás gestionando el enojo con inteligencia emocional, estás haciendo, sin darte cuenta, un daño inmenso en tu relación. Si, son discusiones tontas, por tonterías, no deberían tener importancia ni peso en una relación. Pero les van lastimando a ambos. Lo peor de todo es que ese daño, al principio es invisible. Pueden ser como gotas que van llenando un vaso… y quien se enfada no se da cuenta, porque el vaso lo tiene el otro, no el enojado. Por eso, me gustaría compartir algunos artículos sobre la gestión de la ira. Artículos prácticos, con ejemplos cotidianos y muy fáciles de llevar a la realidad de tu pareja y tu vida.

Si eres consciente de que tienes un problema gordo gestionando el enojo, y no quieres esperar semanas o meses para solucionarlo, te recuerdo que podemos hacer juntas el taller de Inteligencia Emocional, en su módulo Gestionando el Enojo.

Gestionando el enojo

No enojarte es por ti.

Aprender a tener una gran habilidad gestionando el enojo es importante. Es algo que te beneficia a ti, y también a los demás. Comprender los mecanismos del enojo, la función, los beneficios y el precio que pagas al enojarte resulta fundamental para mejorar gestionando el enojo. No porque se deba hacer. No por miedo a perder al otro. Tampoco por miedo a que los demás te vean con malos ojos porque eres una persona que se enoja siempre. ¿Sabes porqué es bueno que seas tú quien decida cómo está gestionando el enojo?

Porque serás mucho más feliz.
Porque los demás, a tu lado, también serán más felices.
Porque ya no tendrás que sentir ese arrepentimiento que te entra después de haber dicho o echo algo desagradable.
Porque enojarte hace que tu cerebro segregue cortisol y en grandes dosis, puede provocar incluso infartos.

Porque los demás no te tendrían miedo.
Porque tu vida será mucho mejor a medida que vayas gestionando el enojo de manera emocionalmente inteligente.
Gestionar el enojo No es controlar tus impulsos. De nada sirve tragarte el «veneno», que tus ojos se vean encendidos en sangre, mientras intentas que los demás no se den cuenta. Te lastimas. Y además, tu cara de rabia se nota. Recuerda que el lenguaje corporal representa un 70% de la comunicación. No necesitas decir que estás teniendo un ataque de ira para que los demás lo noten. Se ve a la legua.

Por qué te enojas

Quizás te enojas porque los niños no quiere lavarse los dientes, es la hora de ir a la cama, tu agotamiento es máximo y tu paciencia para que lo hagan todo a su ritmo está bajo mínimos. Te enojas y hacen caso.

Quizás hasta creas que necesitas enfadarte, levantar la voz o gritar, porque sino nunca te hacen caso.

Quizás te enojas porque los demás no cuidan las cosas, no valoran el esfuerzo que supone para ti trabajar para que tengan lo que tienen o vivan como viven.

Quizás te enfurece que alguien no te escuche, que esté mirando para otro lado cuando le hablas.

Puede que la ira haga acto de presencia cuando los demás no cumplan con lo que han prometido o rompan las normas.

A mi, por ejemplo, recuerdo que me enojaba que mi esposo me preguntara si la comida tenía sal. En él era un acto automático, inconsciente, que hacía a diario, así que imagínate, para mí era un enojo constante. Hasta que me paré a reflexionar sobre esto. ¿Por qué me enojo? No era porque me preguntara si la comida tenía sal. ¿Qué podía haber de malo en esa pregunta?

Me enojaba mi interpretación sobre la situación, no el hecho en sí mismo. Y esto lo tengo más que comprobado, porque mi esposo no ha cambiado el hábito instintivo de preguntar casi a diario ¿Tiene sal? pero yo ya no me enojo. Cambiando tus interpretaciones, cambiando la manera en que te explicas lo que sucede, puedes liberarte del enojo para siempre.

Esto podemos trabajarlo y lograrlo en el taller de inteligencia emocional, haciendo el módulo gestionando el enojo. Te ahorrarás enfados, peleas daños en tus relaciones, cortisol o incluso daños severos a tu corazón.

El enojo te da control

Por lo general, las personas con personalidades controladoras son las que más se enfadan. Las mentes estructuradas, donde alguien «sabe» como deberían ser las cosas y cómo debería actuar el otro siempre y en todo momento, son las más propensas a sufrir por ira o enojo. Su mente les ha dicho que tienen derecho a enojarse, que tiene razones y motivos válidos para estar enfadados con el otro. Se dan continuamente explicaciones que justifican su enojo.

¿Te suena? Tiene solución y es más rápido de lo que te imaginas. Eso sí, requiere que estés en el momento necesario para aprender y cambiar. Que lo hagas por ti y no solo por miedo a que tu pareja se rompa para siempre.
Enojarte te ha dado el control de las situaciones en infinidad de ocasiones. Porque no nos damos cuenta pero el enojo pretende «controlar» al otro.

Cuando yo quiero algo  y tú no lo haces, me enojo. Y desde ese enojo, muchas veces, he conseguido forzar que tú hagas lo que yo quiero. Un hijo no presta atención a las tareas, le pego un grito y hace caso. Mi marido no lava los platos, me enojo y consigo que los lave, (a regañadientes y con cara de rabia, pero yo lo he conseguido) ¿lo ves? El ser humano aprendió que enojándose podía a veces conseguir lo que le habían negado, conseguir algo positivo.

En toda emoción hay en principio un aspecto positivo y pero también estás pagando un precio.

Si gritando y enojándote has conseguido que te hagan caso, has logrado el control de la situación, entonces, eso debería ser genial…. Pero la realidad es muy muy diferente. El enojo tiene una contrapartida envenenada. Daña las relaciones. 

El enojo daña tus relaciones

Con cada enojo es probable que tomes el control, los demás «acaten» tus órdenes, y vayas consiguiendo alguna cosa, unas veces si y otras no. Pero lo que SIEMPRE conseguimos con la torpeza gestionando el enojo es dañar la relación con esa persona.

Por eso es EGOÍSTA NO enojarse. Porque si la relación con ese otro es cada día mejor, te tratará cada día mejor. Elije tú el motivo que quieras para cambiar y poner más inteligencia emocional gestionando el enojo. Puedes hacerlo por ti, por tu pareja, por tus hijos, porque es beneficioso a nivel profesional, por no arrugarte, por no tener un infarto. Hay miles de motivos. Elije el que para ti sea importante.. pero hazlo.

No eres así. Actúas así. Y la manera en que actúas se puede cambiar sin cambiar quien eres

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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