mi esposo no se comunica

Mi esposo no se comunica ¿Cómo logro que hable?

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Por lo general, las mujeres hablamos más. Y eso nos hace ver al hombre como muy parco en palabras, como poco expresivo. Casi todas las semanas alguna nueva clienta me lo pregunta: ¿Cómo lograr que mi esposo hable más? Mi esposo no se comunica. Se encierra, es una persona muy reservada. Mi esposo no habla de sus emociones.

Mi esposo no se comunica

Esta es una preocupación que tienen la gran mayoría de las mujeres. Quieres hablar con él, entenderse, comunicarse y cuando le preguntas algo… Zas… «mi esposo no se comunica».

Y eso puede hacer que te frustres, que insistas más, que le digas que «debería» hablar más, que «debería» decir lo que piensa, lo que siente… pero nada… Silencio absoluto!!

¿Lo resolvemos?

Comprender

En primer lugar, necesitas comprender a fondo la situación. Es posible que tengas una creencia limitante que te dice: «mi esposo no se comunica» y con esto, todo el problema es suyo, toda la solución es suya. Tú crees que nada puedes hacer, más que insistir y ¡hasta enfadarte para que hable!

Cuando más presionas e insistes, menos ganas tiene tu esposo de hablar

Es posible recuperar la comunicación con un hombre que parece que se ha quedado mudo. Te daré unos pasos imprescindibles. Porque mudo no es. Con amigos, en fiestas, si habla. Es cierto, no se ha quedado mudo… pero quizás hay algunos detalles que están dificultando la comunicación y hacen que se autocensure y no hable.

Dale espacio y tiempo

Algunos hombres, una gran mayoría, necesitan tiempo para pensar, antes de hablar. No es buena idea lanzarle una pregunta y acto seguido, en medio segundo, si no responde, empezar a «tratar» de que se comunique, tratar de convencerlo, tratar de sacarle una respuesta.  Es mejor respirar, respetar sus ritmos, darle tiempo para poder pensar en la pregunta y en la respuesta. Ya que desde la paciencia y el respeto hacia sus ritmos verás resultados. Poco a poco notarás como se empieza a soltar, a sentir más cómodo y a poder comunicarse contigo.

 

No le juzgues

Casi nadie es consciente de estar juzgando a su pareja. Y en realidad, la mayoría de las veces en las que «opinas» sobre algo que dice o hace tu pareja, le estás juzgando. Le juzgas porque al opinar, quizás le dices, Yo creo que deberías pedir un aumento. Te lo mereces, trabajas más que nadie. Y aunque no lo estés diciendo, detrás de ese comentario hecho con la mejor intención del mundo, lo que consigues es que tu pareja se sienta juzgado. Si. Siente que le estás diciendo: Tú no te haces respetar. Tú dejas que te paguen menos que a los demás. Tú dejas que abusen de ti y te carguen a ti con más trabajo que a los demás.

Esta es una situación habitual donde con buenas intenciones conseguimos pésimos resultados. 

Si tu esposo te dice que le fastidia no sentirse valorado en el trabajo, que le molesta que otro cobre más que él y que eso no es justo, le ayudas mucho más NO diciéndole lo que debería hacer. ¡¡Lo sabe!! ¡¡NO es tonto!! Que tenga una conducta pasiva, y que la idea de defender sus derechos le paralice y le impida hablar en algún momento, lo convierte en una persona no asertiva, pero no lo convierte un tonto.

Recuerda, cuando quieras ayudar a tu pareja, opinando, dándole consejos sobre lo que debería hacer, te estás olvidando que él sabe lo que puede hacer. Toma consciencia de sus necesidades. Necesita que le escuches, sin opinar, sin juzgar, sin resolverle nada. Necesita mejorar su asertividad, en lugar de escuchar que le digas lo que debería hacer.

Si quien tiene conducta pasiva, no asertiva, eres tú, ten en cuenta que la otra persona NO puede sentir y pensar sobre las situaciones como tú lo haces. NO lee tu mente, y para poder entenderte, seguramente necesitarán más de una docena de conversaciones. Es mucho mejor ir pasito a pasito… en conversaciones cortas, que intentar que te entienda en una sola charla.

¿Cómo das tu opinión?

A menudo, estamos tan seguras de que «las cosas son como las pensamos» que no nos paramos a pensar que esa vehemencia con la que defendemos nuestra postura puede ser una barrera que le impide a nuestra pareja comunicarse.

Si yo digo, por ejemplo: Los domingos son para estar en familia. Lo pienso así, lo siento así, pero también lo impongo así. Muchas de mis clientas me dicen, luego de escuchar que sus esposos les reprochan que se han sentido esclavos de las decisiones de ellas, que al final, para ellas no era tan importante ir los domingos a casa de su madre, que si el hubiera querido salir el domingo a hacer deporte, se lo hubiera dicho y listo.

Pero la verdad es que «no es tan simple«. Si fuera así de simple, ¿tendríamos todos estos desencuentros a la hora de comunicarnos? ¿Si fuera tan fácil estar en pareja y comunicarse bien, habría tantas consultas sobre este tema?

Cuando opines, no sentencies.

Si tu pareja es quien dice las cosas como si fuera el dueño de la verdad absoluta, no discutas por intentar que cambie de opinión. Es perfectamente posible estar de acuerdo en que hay un desacuerdo, en que tú opinión tienen el mismo valor que la suya y que no intentas que cambie de forma de parecer. Respetar su postura hace que pueda respetar la tuya.

Mi esposo no se comunica o peor aún, miente.

Si detectas una mentira, lee este artículo y el cuento que verás a continuación.

Cuento: La verdad y la mentira se bañan juntas

«Cuenta la leyenda, que un día la verdad y la mentira se cruzaron.

-Buen día. Dijo la mentira.
-Buenos días. Contestó la verdad.
-Hermoso día. Dijo la mentira.
Entonces la verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era.
-Hermoso día. Dijo entonces la verdad.
-Aún más hermoso está el lago. Dijo la mentira.
Entonces la verdad miró hacia el lago y vio que la mentira decía la verdad y asintió.
Corrió la mentira hacia el agua y dijo… -El agua está aún más hermosa. Nademos.
La verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba hermosa y confió en la mentira.

Ambas se sacaron las ropas y nadaron tranquilas.
Un rato después salió la mentira, se vistió con las ropas de la verdad y se fue.

La verdad, incapaz de vestirse con las ropas de la mentira comenzó a caminar sin ropas y todos se horrorizaban al verla.

Es así como aún hoy en día la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no la verdad al desnudo.»

Cuando DECIR la verdad nos da temor, nos paraliza, nos hace vestir una mentira de verdad, es necesario preguntarnos ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué me cuesta decir las cosas como son? NO cargues toda la culpa en tu pareja, porque puede tener una parte de responsabilidad, pero desde luego no tiene la culpa de tu tipo de conducta (pasiva, agresiva, o pasivo agresiva) porque eso se ha forjado en tu infancia. Afortunadamente se puede aprender asertividad para comunicarnos mejor y SENTIRNOS MEJOR.

Antes hablaba y ahora ya no

Si al inicio de la relación podían dialogar, si tenían hermosas conversaciones, si podían reír y pasares horas charlando… tu esposo NO es un hombre callado. Tu esposo se ha ido callando con el tiempo y eso es algo bastante más delicado porque puede esconder un gran conflicto de pareja, latente, que en cualquier momento puede explotar.

El matrimonio no es una planta de plástico, que jamás muere, que se mantiene radiante y hermosa por siempre, solo con limpiarla un poco. La pareja requiere comprensión, aprendizaje, crecimiento personal, mejoras constantes, para poder llegar a celebrar las bodas de oro amándonos mucho más que al principio.

En tu mano está hacer mucho para cuidar lo que amas mucho.

 

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