asumir su crisis

Asimilar su crisis, lo que le ha pasado

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Enfrentarse a una infidelidad en una pareja consolidada, de larga duración, es un golpe duro que trastoca la vida tanto del hombre como de la mujer. Podemos pensar que ella sufre más, cuando es la engañada, sin embargo, él no lo pasa mejor. Su vida resulta alterada, se cuestiona todo, no entiende por qué le ha podido suceder algo así. No se considera un hombre infiel, sino una buena persona, y lo es, le cuesta comprender y asimilar todo lo que le ha pasado durante esta crisis. Es incomprensible para los dos porque él no era de esa clase de hombres. 

¿Qué diablos fue esto?

Asimilar su crisis

Un infiel es una mala persona. Un ser cruel e insensible, frío, un completo extraño a quien no le importa el dolor de su esposa o de sus hijos. ¿Realmente esto es así? No, desde la experiencia de más de 10 años de solucionar este tipo de crisis de la pareja, puedo decirte que tu esposo sigue siendo ese hombre que era. Y por eso sufre. Por eso se encuentra tan confundido. Por eso cuando la infidelidad acaba necesita reencontrarse, encajar cada pieza del puzle.

Mientras piense que ha sido una situación emocional, racional, algo del corazón, seguirá atascado y sin saber muy bien la respuesta a las preguntas que su propia mente le plantea.

El razonamiento «habitual» y hasta puede parecer lógico, se hace partiendo de la premisa de que si les pudo gustar otra mujer, sería que algo pasaba con su esposa. El matrimonio no iba bien. Y, seamos sinceros, ¿existe alguna pareja de 15, 20 o más años de convivencia donde todo sea perfecto? Su mente busca explicación a su infidelidad y la más razonable es concluir que algo con su esposa no funcionaba.

En esta fase, nos culpan, porque su mente ha encontrado en las disonancias cognitivas un aliado para no sentirse ese monstruo que ellos también habían siempre creído que sería alguien infiel. Pero como no se identifican con esa «personalidad», la culpa no puede ser suya, y lo «razonable» es que sea nuestra.

No todo es lógico o racional.

Y la explicación «racional» y hasta lógica, para la mayoría de las mujeres, es que su esposo es un cretino que solo pensó en él, un ser egoísta al que poco le importó el dolor que estaba causando.  Cuando nos quedamos, tanto ellos como nosotras, con esa explicación «razonable», es muy difícil que la relación no continúe teniendo problemas y ambos suframos.

El hombre no suele considerarse culpable, dado que su mente le «dio las justificaciones» pertinentes por las que pasó aquello. Y la mujer necesita que el hombre le pida perdón, se disculpe, asuma su responsabilidad sobre el dolor que ella sintió. Para ambos es un proceso complejo, pero diferente.

¿Me engañó porque es egoísta y frío?

¿Para qué seguir juntos si crees que él es así? Una mujer que considerara a su esposo una mala persona ¿lucharía por salvar su matrimonio? Al contrario, su infidelidad sería la oportunidad perfecta para sacarse de encima a ese tipo de hombre. ¡Tú le quieres! Es tu pareja y aún ves en él todo lo positivo de su persona. ¿Por qué me lo hizo entonces?

Infidelidad y hormonas

Cuando pasé por esta misma situación, tenía las preguntas que ahora tienes tú. No podía entender que nos ocurriera algo así, que hablar de separación o divorcio estuviera presente en nuestras conversaciones. Todo era incomprensible. A ti te tocará pasar por un duelo. Puedes ver en qué fase te encuentras leyendo este artículo. 

Y a tu esposo le tocará asimilar su crisis, entender cuáles fueron las fases que vivió, o en cuál de ellas se encuentra aún.

Infatuation, vinculación, secretismo, irritación, tsunami….

La infidelidad que ocurre dentro de un matrimonio, es muy diferente al amor. Y no es algo que surja en el corazón, sino el efecto de varias hormonas (la química) que llegan incluso a trastornar el comportamiento de las personas. Mentir, ocultar, engañar, inventar más horas de trabajo extra, hacer cualquier cosa… para ver a la otra persona. Los científicos lo explican. Se denomina etapa de «infatuación».

Infatuation y dopamina

La dopamina es una de las drogas más adictivas que se conocen. Está asociada con el centro de recompensa. Un «chute» de dopamina produce placer. Sin embargo, el gozo no está asociado al acto en sí, sino de la idealización de la recompensa que creemos que vamos a recibir. La etapa de infatuación es el momento de mayor producción de dopamina. Es una adicción infantil, no una relación madura.

Podemos diferencia el amor, de la infatuación, porque la persona objeto de ese sentimiento carece, a los ojos del infiel, de cualquier defecto. Es perfecta, son tal para cual, el destino les unió o pueden llegar a decir frases como «es una pena que nos hayamos conocido ahora, si hubiera sido en otro momento…»

El efecto de la dopamina en el cerebro ha sido estudiado en múltiples ocasiones. Se comprobó como alteraba la conducta de ratas de laboratorio, que preferían el «chute de dopamina» que recibían con una descarga eléctrica que estimulaba su centro de recompensa, a la comida. En personas también se estudió este fenómeno, comprobándose que también produce cambios de comportamiento considerables.  Se genera una conducta compulsiva, de tal magnitud, que también hay estudios que revelan que los niveles de hormonas del «infiel» son similares a las de pacientes TOC (Trastorno obsesivo compulsivo)

A esto se debe que muchos hombres «no puedan» dejar a su amante, que sientan una «fuerte adicción», y lleguen a expresarlo con esas palabras. NO saben por qué, pero siguen haciéndolo. Como aquellas ratas que buscaban la descarga eléctrica hasta en 700 ocasiones por minuto…. están dominados por la dopamina.

Vinculación

Luego del período de infatuación, si la relación sigue, llegamos a la etapa de vinculación. En este momento la oxitocina se encuentra en plena producción en nuestro cerebro y es la responsable de las relaciones de apego. Conocemos esta hormona porque la segrega el cuerpo de la mujer durante el parto.  Tu cerebro también genera oxitocina cuando experimenta confianza. Cuando en una relación de infidelidad se hacen «confesiones», se cuentan situaciones de la vida personal e íntima su torrente sanguíneo se inunda de oxitocina.

Es el momento en el que los infieles comienzan a hablar de dejar a sus respectivas parejas, hacen planes idealizando el futuro, aunque sin ser conscientes de la realidad que supone la ruptura de sus propias familias.

Sin embargo, otra diferencia evidente entre el enamoramiento infiel y el amor, se da en el ocultamiento. No están orgullosos de lo que están haciendo, no están orgullosos de esa relación. No hablan de su amor, sino más bien de la imposibilidad o de los problemas a los que se enfrentan.

Secretismo

La relación de infidelidad en una persona ya en pareja, comienza siendo un secreto entre dos. Puede haber algunos amigos más que estén en conocimiento de la relación, pero funcionan como «avaladores» del infiel. En cierta manera, busca rodearse de un entorno que le diga lo que quiere escuchar, que no cuestionen su comportamiento y por lo tanto, entra en funcionamiento el sesgo de confirmación.  El secretismo, pero sobre todo mantener oculta hacia su pareja esa doble vida, genera un aumento de cortisol en el infiel, entrando así en un período de alta irritabilidad. Se vuelve irascible, contesta y se comporta de forma fría y agresiva, con mucho estrés.

Ha entrado en una etapa de conflicto interior, entre lo que las hormonas le están pidiendo y sus propios valores y principios. Sufren, porque no han sido personas mentirosas pero se ven mintiendo y haciendo daño. Evitan ser descubiertos y crean mentiras que les hacen estar más y más incómodos y sentirse perseguidos.

Puedo decir, por propia experiencia, que la etapa del secretismo es para la mujer desconcertante. No entiende qué motiva esa ira, esa manera de comportarse en su esposo y pueden tener continuas discusiones. Incluso pueden llegar a negar la relación de manera tan convincente que puedes pensar que te estás volviendo loca o que estás imaginando cosas que no son.

Con esto, el hombre puede «aumentar» sus disonancias cognitivas, diciendo, nos llevamos mal, no podemos seguir juntos. Cuando la mujer evita las discusiones, evita entrar en conflicto, se ayuda a si misma ya que el hombre no puede utilizar este motivo como excusa para romper su matrimonio.

Tsunami

Llega un momento en el que el «dolor» del secretismo, la ansiedad, el estrés, las mentiras, todo se hace una bola tan grande que la persona infiel habla. Es como «dejar salir la presión» de una olla exprés. En cierta forma se «alivian» al hablar de separación. No porque realmente quieran marcharse de casa o separarse, sino porque desean dejar de sufrir, dejar de sentir que la cabeza les puede estallar en cualquier momento.

En algunos casos no dicen nada, pero sus conductas y comportamientos hacen evidente que algo raro está pasando y podemos «descubrirlo» por mensajes que le llegan a cualquier hora, por errores en sus mentiras, etc. En ambos casos para el hombre se produce un cierto alivio, aunque para nosotras comienza el Tsunami.

Llevaría semanas, meses escribir sobre cada punto, cada situación y cada vivencia que uno experimenta durante esta crisis. Y en este artículo mi objetivo era centrarme en cómo el hombre, cuando ha dejado a su amiga, aún se siente confundido, perdido, con la necesidad de encontrarse a si mismo, de asumir su crisis entendiéndola.

No son malas personas, aunque han tenido conductas que han lastimado a sus hijos o esposas.

No son seres egoístas, aunque se han comportado de esta manera movidos por la infatuación.

Y tras este tsunami es necesario ACEPTAR que les ocurrió esto. Algo que ocurre desde hace siglos y que seguirá afectando a parejas maravillosas que no tenían ni idea que algo así les pudiera pasar.

Aceptarlo y perdonarse. Pero también pedir perdón por el daño que causaron cuando no eran dueños de sus actos. No buscamos culpables, ni víctimas ni verdugos… En esta crisis se sufre, y todos sufren.

Lo importante es poder mirarse a los ojos y decirse: Hagamos que la segunda parte de nuestra vida sea aún mejor.

 

Si necesitan ayuda, tanto si eres hombre o mujer, puedes escribirme. Desde julio del 2010 trabajo como coach especializada en parejas, en este tipo de crisis, donde la mayoría de las veces hay infidelidad. Quizá todo esto sea desconcertante, porque es algo nuevo, pero no lo es para mí. Se puede salir incluso reforzados tras una crisis.

 

Escríbeme.

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Viki Morandeira

Coach Ontológico

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