El peligroso juego del ojo por ojo en la pareja

Seguramente la frase que dice, Ojo por ojo, Diente por diente, no te es ajena. La hemos escuchado y hablado de ello muchas veces. Seguramente no apruebas esta conducta y crees que no la aplicas en tu vida… pero… ¿tienes realmente la seguridad que no la has aplicado? ¿Sufres en tu relación sin saber que tu pareja ha iniciado el juego del ojo por ojo? ¿Tienes problemas de pareja y no entiendes muy bien por qué?

Hace una década, una noche, en la que esperaba que mi esposo en lugar de mirar la televisión se acercara a mi y me abrazara, mi mente comenzó a darle vueltas al dolor. Mis pensamientos se fueron encadenando, unos con otros.

¿Por qué tengo que ser yo quien siempre lo busque? 

¿Por qué tengo que ser yo quien siempre se acerca primero cuando estamos enfadados?

¿Por qué no es él quien me busca, me pide perdón y trata de hacer las paces tras una pelea tonta?

Con estos pensamientos fui alimentando la frustración, la rabia, el dolor. Y para alejar ese dolor de mi, me dije a mi misma: Ya me cansé, ya no seré yo quien lo busque, ya no haré cosas por él.

Y así, sin ser consciente, yo misma iniciaba el peligroso juego del ojo por ojo.

A veces, las personas vamos alimentando rabia, por cosas que el otro hace o no hace y no lo decimos. Tenemos necesidades, que quizás la otra persona no conoce, pero sufrimos pensando que no lo hacen porque no nos quieren, porque no somos importantes para la otra persona. Desde la frustración y la rabia dejamos de amar con gestos diarios, con caricias cotidianas como preparar el desayuno, como esperarle para cenar si llega tarde de trabajar o como dedicarnos un tiempo para estar juntos.

Ellos también tienen expectativas sobre lo que esperan de nosotras. Expectativas que desconocemos, necesidades o deseos que no han expresado pero que están en su mente y cada vez que no cumplimos con esa expectativa pueden alimentar el dolor y la frustración.

Al principio de la relación damos sin medida. No nos pesa nada de lo que hacemos por nuestra pareja, porque queremos que nos ame, porque le amamos y necesitamos su amor. Damos sin medir, damos con amor y sin miedo. Creemos que damos sin expectativas, pero todos esperamos ser retribuidos, todos esperamos que nuestro amor sea compensado, recompensado con más amor.

Convivir no es fácil, la vida no siempre es agradable y el estrés del trabajo, de los problemas económicos, enfrentarnos a la vida y sus retos, puede hacer que dejemos la relación en segundo plano y que ocupemos nuestra mente y nuestro tiempo en lo que tenemos que resolver en el día a día. Sin darnos cuenta, no pedimos lo que necesitamos y tampoco estamos atentos a lo que podría necesitar nuestra pareja para sentirse plenamente amada.

Justificamos, en el ajetreo y el agotamiento de la vida diaria, el no tener tiempo para nosotros, como pareja. Nos conformamos con menos actividades solos, porque están los niños, porque nos decimos, no puede ser de otra manera.

Aceptamos los conflictos diarios, tontos, pensando que es normal discutir en pareja. Que sea habitual no significa que tenga que ser así. La infelicidad que sentimos en nuestra vida, por no tener el trabajo que nos gustaría, por no tener la libertad horaria que nos gustaría, por no tener el tiempo libre o el dinero que nos gustaría, nos va agotando. Y nos centramos en lo que no tenemos, descuidando lo que sí tenemos, una pareja.

Vivimos distraídos, quemados por el trabajo y todo lo que hay que hacer día a día para ir resolviendo problemas y eventos que van apareciendo. Y llegamos tan cansados que no nos permitimos unos instantes de conexión con la persona que más amamos. Esperamos que nuestra pareja nos comprenda, pero a veces no invertimos tiempo en comprenderle.

Una pareja típica, una realidad común. El hombre llega de trabajar y espera llegar a casa para relajarse, para desconectarse del ajetreo de su día, de sus problemas, para descansar. Y su mujer, está todo el día igual, ajetreada, ocupada, con problemas y sin descansar…. y espera que su esposo llegue y la comprenda, le eche una mano con los niños o con la cena…  El espera llegar y ser recibido con una sonrisa, y ella espera que el llegue y comparta con ella el peso de la familia, de los niños y la casa. Los dos tienen expectativas y como no se cumplen, los dos sufren. A veces intentan hablar, pedirse lo que necesitan, pero sin comprender que el problema no es el otro, sino la manera en que se están tomando la vida, la actitud con la que la enfrentan.

Y llega ese día, en el que uno de los dos comienza el juego del ojo por ojo. Sin querer hacer daño al otro, sino para dejar de sufrir por esa expectativa que no comunicó y que no se cumple.

¿Por qué voy a hacer esto por ella, si ella no hace esto por mi?

¿Por qué voy a hacer esto por él, si él no hace esto por mi?

Nos “autorizamos” a dejar de dar, nos adentramos en el juego del ojo por ojo, sin recordar cómo continuo Gandhi esa frase…

Ojo por ojo y el mundo acabará ciego.

¿Hay expectativas que tu pareja no cumple y sufres?

¿Diría tu pareja que todas sus expectativas están cubiertas?

Si sientes que no hace por ti lo que te gustaría o si tú no haces por tu pareja lo que sabes que le gusta, han empezado el peligroso juego del ojo por ojo, que los ha cegado y pueden acabar con la relación más hermosa.

Mi esposo y yo llevábamos 20 años juntos cuando yo recuerdo haber decidido dar menos de lo que daba, porque sentía que recibía menos de lo que merecía. Nuestra crisis se desató poco tiempo después.

Comenzamos con pequeñas cosas, dejando de poner a nuestra pareja en primer lugar, por ejemplo, no levantándonos para preparar su desayuno si se va antes que nosotras, no cargando las bolsas de la compra porque ella no ha querido esperarte a cenar la noche anterior. Jugamos al ojo por ojo, sin darnos cuenta que ese rencor no es bueno para recibir amor. Ponemos barreras que dificultan que fluya el amor.

¿Crees que a tu pareja le gustaría que tú te levantaras y desayunaran juntos o que te levantaras y le hicieras el desayuno?

A veces, su pensamiento es: Como no se levanta a darme el desayuno, yo tampoco haré tal cosa por mi pareja.

Comenzamos el peligroso juego del ojo por ojo, diente por diente. Como esperan más de nosotras y esperan algo concreto de nosotras, y no lo hacemos, todo lo demás no es tenido en cuenta y deciden pagarnos con la misma moneda, dando menos amor.

Al contrario también puede estar ocurriendo. Como el no hace esto por mi, yo no haré eso por él.  A mi me ocurrió y años después me di cuenta y recordé el momento exacto en el que dije, Yo no lo busco más, que me busque él. Y nuestra relación fue poco a poco en picado cuando yo comencé el juego del ojo por ojo, sin saber que mi esposo lo había empezado mucho antes y por eso el no hacía muchas cosas por mi.

Actuamos desde el dolor, o actuamos desde el amor. Cuando actuamos desde el dolor, no sale nada bueno.

Nos olvidamos que la actitud de nuestra pareja está relacionada directamente con nosotros, con lo que hacemos o no hacemos, con lo que espera y no llega. Y lo mismo ocurre con nuestra actitud. ¿Somos con todos iguales o con nuestra pareja, por exceso de confianza, podemos no cuidar nuestras palabras o nuestras actitudes?

Si es tu caso, si has estado jugando al juego del ojo por ojo, decide cambiar la actitud y recupera los buenos hábitos, los momentos compartidos, los mimos al alma del otro. Nuestros cambios, aunque al principio puedan asombrar, si los hacemos con calma, sin exigir lo mismo del otro, sino dando porque nos hace felices verle felices, también generaran cambios en nuestra pareja. Sembrar para cosechar.

Si no estamos cosechando lo que nos gustaría, a veces no hay que enfadarse con la cosecha, sino analizar qué semillas estamos sembrando….

No siempre podemos ir a terapia de pareja, porque a alguno de los dos puede no parecerle una buena idea o creer que no servirá para nada. Eso no impide que tú si quieras hacer las cosas mejor y empieces a aprender cuáles son las situaciones que los han ido separando, para hacer cambios y tener una relación mejor. ¿Lo hacemos?

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Mejorando parejas

 

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